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- Internacional:

Septiembre de 2002

El ataque global concertado a los recursos naturales


En el fondo, la globalización es una inmensa reestructuración de los sistemas de explotación y de la distribución del producto mundial, que ofrece como resultados negativos el inmenso crecimiento de la pobreza y el agotamiento de los recursos naturales, acompañado de una caída de ribetes catastróficos en la calidad ambiental.

Por Ricardo Cifuentes Villarroel

Situación General:


Nunca como ahora han prosperado tantas organizaciones y tantos foros internacionales supuestamente dedicados a la conservación del ambiente, mientras éste, nunca como hoy, ha experimentado asaltos depredadores en tan alta escala.

En lugar de una práctica de movilización de fuerzas sociales para detener el desastre ecológico y abrir caminos hacia una nueva relación entre la fábrica económica y los recursos naturales, estas organizaciones y foros han desarrollado más bien un ejercicio retórico y literario. Muchas veces también, por priorizar lineamientos de desarrollo pacífico y de buena convivencia, se ha preferido la concertación a la denuncia, con los resultados que se ven: el aumento irrestricto de la depredación en función de metas de ganancia, libre operación de mercados y esquemas de expansión del trabajo y del consumo.

Predomina en la práctica una idea desbocada y unidimensional del interés y de la teoría económica, que no valora en su justa dimensión la presión de los recursos en agotamiento y de las relaciones de nicho en destrucción. En los niveles más altos de decisión todavía no se descubre que las economías sin dimensión ecológica no son "económicas".

Esta situación se ha visto agravada en las últimas décadas por el desarrollo de aparatos corporativos que sobrepasan a la fuerza de los estados, y que persiguen la explotación del mundo sin otro fin que el crecimiento obsesivo de sus tasas de ganancia. Estas organizaciones presionan a los estados y tienen espacios para imponer sus políticas a través de diversos organismos supranacionales. Las medidas impulsados por la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para que los estados –particularmente los de menor desarrollo- se vean compelidos a reducir o a eliminar las reglamentaciones nacionales de protección ambiental, confirman acabadamente lo que venimos enunciando.

Ha surgido además, desde hace un par de años, otro factor que está contribuyendo a acelerar aún más el ritmo de explotación de los recursos naturales: el acorralamiento de la economía global, hoy en una vasta recesión que afecta la expansión de las tasas de ganancia y crea premuras inusitadas, sobre todo en los poderes centrales, por controlar los recursos energéticos, bióticos y de materia prima. Para responder a esta urgencia han sido creados nuevos agentes que unifican su acción desde el interior de grandes proyectos, supuestamente productivos, que conducen hacia la destrucción irreversible de los recursos mundiales.
Evidentemente, estos megaproyectos, que intentan conducir la expansión del capital hacia nuevas fronteras, son la fuente intensa e inmensa de grandes colisiones de interés, particularmente con los pueblos nativos de Africa, Asia y América Latina.

En esta última región, los grandes proyectos multinacionales, como el Plan Colombia, el Plan Puebla Panamá y los proyectos Amazónico, se complementan con otros tantos proyectos nacionales de explotación de recursos, incorporados a los planes de desarrollo de numerosos países latinoamericanos Un ejemplo: los planes mineros, hidráulicos, forestales y pesqueros chilenos. En todos ellos, a pesar de que se formulan dentro de una concepción neoliberal y mercantil, se establecen coordinaciones y cronogramas para la acción que envidiarían las mejores prácticas planificadoras de un pasado estatista. El objeto de esa planeación es el manejo de los recursos del país por el sistema corporativo transnacional, y su traducción en ganancias. Hasta se ha llegado a decir que el éxito en la realización de estos planes, es la condición para la "recuperación" y la salida de la crisis que en mayor o menor medida afecta a las naciones latinoamericanas.

Hay algo innegable y es el hecho de que los problemas ambientales han recrudecido en el último período de expansión de la economía capitalista global. Previo a analizar el nuevo tipo de conflictos originados por la "globalización", como se ha dado en llamar a este período, conviene hacer algunas puntualizaciones.

Los efectos de la globalización

En el fondo, la globalización es una inmensa reestructuración de los sistemas de explotación y de la distribución del producto mundial, que ofrece como resultados negativos el inmenso crecimiento de la pobreza y el agotamiento de los recursos naturales, acompañado de una caída de ribetes catastróficos en la calidad ambiental. Tanto es así que el crecimiento del Producto Interno Bruto ya no es un índice adecuado de progreso, como para poder identificar a la globalización con el desarrollo y el bienestar. El crecimiento del PIB en los países del tercer mundo – incluidos "en desarrollo" y "emergentes"- va a la par de los índices del crecimiento de la pobreza y de la destrucción ambiental.

Una fuente que se identifica abiertamente con los proyectos globalizantes, el propio Banco Mundial, señala que el 80% del ingreso mundial va a parar a las manos de sólo un 16.6 % de la población del mundo, con un promedio de 70 dólares diarios, mientras que el 57% de la población, que vive en los 63 países más pobres, sólo llega a recibir el 6% del ingreso mundial, sobreviviendo con dos dólares al día. Otra parte de la población no alcanza a recibir un dólar diario.

La expansión de la recesión mundial hace todavía más dura esta situación: en Argentina (país emergente) la mitad de la población ya se encuentra en niveles de pobreza. Otro tanto, con menos dramatismo, ocurre en México.

Estas situaciones estructurales pesan fuertemente sobre el destino ambiental, exponiendo aún más a los países del Tercer Mundo –puestos contra la pared por sus deudas y sus incapacidades de crecimiento- a fuertes presiones para aceptar peligrosas demandas corporativas en cuanto a la concesión de sus recursos y en las decisiones en torno a la plena apertura (des-reglamentación) ambiental.

Ya es posible observar el aspecto que toma el desastre ecológico llevado en alas del estilo productivo de los modelos de la globalización. Baste señalar que en los últimos diez años se han eliminado 150 mil kilómetros cuadrados de bosques sólo en Brasil y que en Africa y en el Sudeste asiático, el desastre forestal es también inconmensurable.

Debe destacarse en este breve análisis, la forma de explotación, con fuertes ribetes coloniales y anti-ambientales, que ha instalado la globalización en América Latina. Las reformas estructurales han hundido los proyectos de crecimiento hacia adentro y las industrializaciones paralelas o sustitutivas; han hundido también las reformas agrarias que con tanto esfuerzo se realizaron durante el siglo XX, para privilegiar solamente las exportaciones de aquellos productos -generalmente sin valor agregado- que satisfacen las necesidades del centro norteamericano o europeo. La mitad de las exportaciones de América Latina está constituida por materias primas (petróleo, minerales), recursos naturales y bióticos y productos agropecuarios y forestales. Y todo ello con un alto costo ambiental, de conflictos, descomposición social y disminución de las posibilidades de desarrollo real.

Cuando estos problemas se tornan más agudos, también se agudizan las presiones del centro para mantener a como dé lugar sus demandas por el libre mercado, evitando toda intervención social y manteniendo un alto nivel de agresividad en su ataque a los recursos y al ambiente, en una operación que ha creado extensas y permanentes áreas de conflicto. Conflictos que claramente no encuentran su solución dentro de este sistema —y que por tanto no dan lugar a metodologías concertacionistas. Las organizaciones ambientalistas han señalado que el planeta se encuentra en medio de una catástrofe ambiental global.

Pese a su negativo impacto sobre el planeta y pese también al hecho de que sólo resulta lucrativo para unos pocos, el esquema o paradigma de la globalización, opera porque cuenta con importantes agencias que impulsan su concepción de mercados abiertos. Estas agencias se han ido formando y completando en las últimas décadas hasta llegar a ser un dispositivo muy eficiente y con diversas capacidades de planeación y operación.

Existen organismos supranacionales como el Banco Mundial y el FMI, organismos multinacionales como la Organización Mundial de Comercio (ex GATT), asociaciones comerciales, bancarias, tratados de comercio, pactos (como el G7, Davos), planes regionales o continentales, que afectan a América, Asia, Africa, etc. Y por último, proyectos de "desarrollo" sustentados en la filosofía de estas organizaciones y en ideas de transnacionalización y explotación de recursos en diferentes países.

Pasemos revista a esta jerarquía de organismos y de planes:

El Banco Mundial, el FMI y los "Ajustes Estructurales"

En la actualidad, ya por definición, los países del Tercer Mundo son países inmensamente endeudados, sumidos en la obligación de remesar un gigantesco tributo hacia las potencias centrales, que son las prestamistas. Sólo América Latina, en los últimos diez años, ha debido pagar 2 millones de millones de dólares en intereses de deuda. Las crisis de las economías latinoamericanas son esencialmente crisis de incapacidad de pago. Y entonces, el Banco Mundial y el FMI se presentan a coaccionar a los gobiernos para que acepten un SAP (Structural Adjustement Program), supuestamente orientado a facilitar o reducir la deuda, pero con efectos exactamente contrarios.

Los numerosos ajustes impuestos por estos organismos aumentan la deuda y establecen una nueva fase de explotación y empobrecimiento. Eso, ya que insistentemente reclaman "aperturas" en las políticas nacionales de proteccionismo económico y del ambiente, a la vez que demandan prioridad para el tipo de actividades que produzca dinero efectivo para el correspondiente pago puntual de deuda. Eso hace que se acelere la introducción de métodos intensivos y destructivos en la producción, alterando profundamente los ambientes agropecuarios, afectando comunidades, cultivos tradicionales, bosques originarios. Como ejemplo, Operación "Astillas" en el sur de Chile, o la deforestación de la Patagonia y de la Tierra del Fuego —proyectos que han sido fomentados y apoyados en los últimos treinta años por la dictadra militar y sus sucesores Concertacionistas.

Para pagar la deuda, las aperturas comerciales son vistas como "necesarias" y el sistema transnacional de comercio entra al subdesarrollo con sus mercados y comidas dañinas, pulverizando la pequeña y mediana actividad comercial e imponiendo el consumo chatarra. A eso sigue la conquista de los campos por el agrobusiness y su cortejo: los monocultivos y los transgénicos.

En las zonas tropicales, las políticas del Banco Mundial y del FMI impulsaron, por ejemplo, los proyectos de deforestación en el Chad africano, y el ataque a una de las mayores reservas forestales—la selva congolesa. Estas mismas políticas privilegiaron en Costa Rica el proyecto de exportación de carne para fast food, sin decir que cada kilógramo exportado significa la eliminación de dos toneladas y media de tierra, mientras en Brasil ayudaron a imponer el cultivo de la soya para exportación, impulsando a los campesinos a marchar "hacia las fronteras agrícolas" del Amazonas, desmontando, arrasando y quemando.

En términos sociales, las aperturas a las exigencias de las transnacionales y el apoyo a ese tipo de proyectos, han contribuido a acentuar las rigideces estructurales (como por ejemplo, la concentración de la posesión de las tierras en manos de pocos) y a arrinconar a los países del tercer mundo en una situación ambiental insostenible.

El círculo vicioso de deuda ofrecida / cobrada / imposible de pagar/ reestructuración / empobrecimiento, va asociado al lanzamiento de actividades que han causado la destrucción de bosques, el agotamiento de recursos pesqueros, el envenenamiento de las aguas, la contaminación, la crisis del ozono y el efecto invernadero. Y todo esto sin que se observen efectos "progresistas" para los países del tercer mundo. Piénsese nada más que a pesar de que la mayoría de la población mundial se encuentra en los países periféricos, el 80% de su producción maderera se encamina hacia los países del centro. ¡Y que esto es propagandizado como indicio de crecimiento!

El aporte del Banco Mundial a la destrucción de los sistemas ecológicos es global: favorece la explotación de los recursos maderables en Indonesia, Borneo, Malasia, el Amazonas, India, Centroamérica, México, etc., a la vez que invita a incorporarse al servicio de la cultura de la carne para la comida rápida, a México, Centroamérica, Brasil, Sudáfrica, Venezuela y Filipinas.

Y su coherencia destructiva se precisa en el caso de sus financiamientos a China: dos millones de dólares para reducir el CO2, junto con 310 millones para establecer empresas termoeléctricas (a base de carbón), además de varios miles de millones para sistemas de transporte que utilizan combustible fósil.
Más información:   Banco Mundial
Fondo Monetario Internacional (FMI)
Center for Economic and Policy Research -- IMF/World Bank
50 Years Is Enough: U.S. Network for Global Economic Justice
Mobilization for Global Justice
Bank Information Center (BIC)
Campaña por la reforma del Banco Mundial

La Organización Mundial del Comercio (OMC)

La OMC (ex Gatt) es hoy el cinturón normativo para el crecimiento económico: se ocupa de la protección de los intereses de los principales centros económicos, particularmente de las grandes transnacionales que cabildean en su seno. La orientación de este gran esquema productor de acuerdos multinacionales para el movimiento del capital, sienta las bases para grandes operaciones de modificación estructural que operan en forma paralela a las imposiciones del Banco Mundial y del FMI.

La ofensiva en pro de "libertad de comercio" y "libertad de movimiento de los capitales" ataca con extrema efectividad las débiles barreras proteccionistas de los estados del tercer mundo y afecta gravemente a su desarrollo. Muestra de esta ofensiva es el intento de imponer el Acuerdo Multilateral de Inversiones, iniciativa que generó movilizaciones en muchas partes del mundo.

Pero la libertad de movimientos no sólo viene a plantear la preponderancia del gran capital transnacional en la reforma estructural. Viene también a establecer una nueva instancia de subordinación en el terreno ambiental y biótico. La búsqueda de una protección exacerbada de "los derechos de propiedad intelectual", crea una seria posibilidad de que los países del tercer mundo --donde se refugia la mayor parte de la riqueza biológica del planeta-- sean desposeídos de la misma a través de distintos tipos de extorsión. Plantea también la posibilidad de que se catapulte sobre ellos toda la parafernalia de la nueva tecnología de control sobre la vida.

La normatividad de la OMC hace tiempo que dejó de ser un conjunto de reglas que favorecían el comercio internacional en términos de equidad. Hoy sólo es la forma en que se expresa el planteamiento de las nuevas dictaduras corporativas e imperiales.

Por ejemplo:

La OMC ha negociado un acuerdo internacional para eliminar las tarifas sobre productos de los bosques y para debilitar otras medidas que pretendan proteger los recursos silvícolas. Se trata de "abrir" los bosques nativos al madereo, debilitar los controles ambientales y permitir el ingreso de especies invasoras, como la extensa substitución del bosque nativo por bosques de pinos y de eucaliptus, de rápido crecimiento. Esta normatividad, de acuerdo a las grandes compañías norteamericanas y a su gobierno, se debe centrar en "eliminar las barreras del comercio", buscando reducir costos, estimular a los consumidores e intensificar así la corta. A eso se viene a agregar la oferta de semillas genéticamente modificada de árboles, una forma de contaminación enormemente peligrosa, por la migración de los genes modificados hacia otras especies.

La OMC y los cambios normativos que ha impuesto en el comercio y el movimiento del capital, constituyen importantes elementos en la generación de los conflictos ambientales del presente.
Más información:   OMC
Movilizaciones a nivel mundial muestran fortalecimiento de la lucha contra la OMC Vía Campesina

La Comisión Trilateral, el G7 (luego, G8), el Foro de Davos...

El conjunto de estas instancias, con una cohorte de comisiones que unifican la voluntad de los grandes en el reparto del excedente mundial, se ha transformado en el Estado Mayor de la gestión de los negocios internacionales durante esta última época de expansión capitalista, que pone en una situación de control a tres centros mayores: EEUU, Japón y la Unión Europea. Sus decisiones derivan en recomendaciones y agendas que se movilizan a través del Banco Mundial, el FMI, la OMC y el rosario de alianzas regionales: la OTAN. ASEAN, OEA, Unión Africana, etc.

Como comando estratégico en el manejo de las relaciones supranacionales y multinacionales, este grupo concentra gruesa parte de la responsabilidad (o irresponsabilidad, si se quiere) que deriva de la instalación desbocada del sistema capitalista y de sus sistemas de dominación. Sus relaciones internas, marcadas también por conflictos a diversos niveles, reconducen periódicamente el establecimiento de acuerdos más o menos inestables, pero consistentes con una línea de acción central, en nada favorables al Tercer Mundo --que se continúa percibiendo en esos foros como un área colonial en donde hay recursos que repartir.

Eso ha definido también la aversión con que son vistos por vastos sectores que desconfían de las bondades de la globalización y que han logrado que sus foros se vean, en estos tiempos de crisis, rodeados de protestas entre las que no son ajenas las demandas ambientales.

El G7/G8, con sus estrategias cosméticas, como autoproclamarse cruzado "en la lucha contra la pobreza", no logra enmascarar el hecho de que los países que lo integran, y sus poderes, son los agentes más comprometidos en la explotación de los recursos del planeta y en la extracción del trabajo de los más pobres. O cuando se proclama a favor del "aumento del comercio, con excepción del comercio de armas", mientras sus países miembros realizan grandes inversiones al servicio de necesidades de seguridad inventadas o de guerras estratégicas destinadas a asegurarles el control de los energéticos (El Golfo, Kosovo, Afganistán, y más recientemente, "el Eje del Mal").

Como suprema ironía, el G7 se ha interesado en la protección de los bosques tropicales (de donde los países centrales extraen gran parte de sus maderas). Por ejemplo, en Brasil, en conjunto con el Banco Mundial, creó una comisión inspectora (el Programa Piloto PPG7) de la selva tropical, que hasta se interesó por la rápida solución de "conflictos" entre algunas grandes empresas y el gobierno, por proyectos como el de manejo forestal (Promanejo) y de manejo de recursos de Varzéas (Provarzeas), todos ellos de muy dudosos resultados.
Otras instancias, como el Foro de Davos, no ha podido prosperar más allá de establecer una escala de países contaminantes, en lo que pudiera ser también una operación cosmética, si se analiza con seriedad el puesto que ocupan algunos países en la medición realizada.
Más información:   La Comisión Trilateral
G8 Information Centre
Foro Económico Mundial

Los tratados comerciales:

EL TLCAN: Tratado de Libre Comercio de América del Norte


Ya siete años en ejercicio, este tratado ha venido a señalar una inmensa distorsión en la situación de México con relación a los EEUU. Su dependencia ha quedado reafirmada, y en vez de desarrollo, ha estado viviendo el país azteca una profunda involución estructural, agudizándose el quiebre entre polos de riqueza y pobreza extrema. Su agricultura ha sido virtualmente aplastada, perdiendo el país la soberanía alimentaria de que gozara anteriormente. México es hoy dependiente en cuanto a maíz, frijol, azúcar, arroz, café, etc. Las grandes cadenas de supermercados de capital norteamericano dominan la distribución. A la par, la banca norteamericana ha hecho su entrada triunfal, controlando parte importante de las transacciones.

La "libertad de movimientos del capital" va ahora a la conquista de otros pocos reductos de la economía nacionalizada de México: el petróleo y la electricidad. El TLCAN serviría con el tiempo para tejer otras incorporaciones, a través de Tratados de Libre Comercio entre México y Chile y el Tratado de Libre Comercio de América Central, construidos sobre la misma filosofía de dependencia, y que vienen a unir a economías muy débiles con las capacidades decisorias del mercado norteamericano. El proceso culmina con el ALCA.

Deben considerarse estos tratados como instancias de un Acuerdo Multilateral de Inversiones cuya firma se ha dilatado, pero que ya entrega en la práctica amplios carriles que han favorecido la inversión corporativa, los procesos de privatización, la contrarreforma agraria y la ampliación del saqueo de los recursos de los países involucrados, a la par que ha asegurado el crecimiento de sus endeudamientos y un claro desequilibrio en sus balanzas de pago y balanzas comerciales.
Más información:   Secretariado del TLCAN
Public Citizen: NAFTA
Eucalyptus, Neoliberalism and NAFTA in Southeastern Mexico

El Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)

El ALCA, en vías de negociación, no contiene mecanismos, ni los prevee, que apoyen un desenvolvimiento adecuado y positivo de las cuestiones ambientales y laborales. Se da en el clímax de los reclamos corporativos de aperturas ambientales y laborales. Coincidiendo con su discusión, se ha abierto la frontera amazónica y en todo el continente se habla de la abolición de las leyes laborales "paternalistas" y de la instalación de la "flexibilización en el trabajo". El ALCA es la culminación de un delirio neoliberal que se opone al desarrollo sustentable en el continente. Obsérvese al respecto el silencio con respecto a los temas laborales y ambientales en la cumbre de Santiago, o la declaración del Presidente Lagos en Québec: "que no vengan los ambientalistas a estorbar el desarrollo..."

A este respecto, un reciente análisis sostiene que, en el terreno ecológico, la ausencia de mecanismos para evitar los impactos ambientales es más que grave. El patrón de exportación de América Latina sigue sesgado sobre los productos primarios, lo que significa que son recursos naturales sin ninguna modificación, o con grados bajos de manufacturación. Los bienes exportados más destacados son los minerales, petróleo, madera, pescado, y productos agrícolas y ganaderos, algunos de ellos con un pequeño componente de industrialización. Por lo menos el 67% de las exportaciones totales son primarias.

Existe un conjunto de países que llevan esta tendencia a un extremo, superando el 70% de exportaciones basadas en productos primarios (Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Bolivia, Perú, Chile, Venezuela, Ecuador y Paraguay). Posiblemente el nivel de exportaciones primarias sea mayor, o se deba agregar otros países a la lista, ya que algunos productos considerados como manufacturas, en realidad representan recursos naturales con bajos grados de procesamiento.

Además, en muchos países el sector exportador representa un componente de enorme importancia en las economías nacionales. En efecto, la participación de las exportaciones en el PIB regional ha crecido paulatinamente: del 10% en 1980 al 20% en 1995 (compárese con Estados Unidos, donde corresponden al 10%). El peso de las exportaciones es muy alto en por lo menos 7 países (representa más del 30% del PIB en Costa Rica, Panamá, México, Venezuela, Ecuador, Chile y Paraguay).

Estos tratados de libre comercio, por su propia esencia, están llamados a ser los futuros promotores de graves conflictos ambientales, ya que expondrán a las poblaciones al ataque constante de grandes intereses, en los que aparecen coligados los estados y su clase política y financiera, con la inversión transnacional. Esta combinación de fuerzas, a no mediar los efectos de la crisis generalizada, pudiera llegar a ser devastadora para los pueblos originarios y las comunidades campesinas del continente.

El ALCA está escalando posiciones a través del Tratado de Libre Comercio entre Chile y los EEUU. Al respecto dice el economista Hugo Fazio:

"La firma de un tratado de libre comercio entre Chile y EE.UU. es vista como un trampolín hacia el ALCA. En la óptica oficial norteamericana implica imponer en la región plenamente -y garantizar a futuro- el libre movimiento de capitales, sin ningún tipo de limitaciones. Esta es la implicancia central en el plano financiero". Fazio caracteriza esa política como "el proyecto político-económico del gran capital transnacional de origen estadounidense". (http://rcci.net/globalizacion/2001/fg209.htm)

Hasta ahora hemos examinado la operación de grandes estructuras organizativas y normativas, a nivel internacional, y con negativas repercusiones sobre el medioambiente. Pero estas estructuras sirven asimismo de telón de fondo a operaciones regionales, que se expresan a través de Planes enmarcados en el momento globalizante, y que son ya el sustento firme y proyectivo para el lanzamiento de tareas económicas concretas, de inversiones y labores corporativas:
Más información:   Area de Libre Comercio de las Américas: Sitio oficial del ALCA
RMALC (Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio)
Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA. RELATORIA
Las Organizaciones del Campo frente al ALCA. Foro Andino
Convocatoria a la Movilización Nacional Agraria Por la soberanía alimentaria y contra el Area de Libre Comercio de las Américas
Campaña Continental Contra el ALCA

- El Plan Puebla Panamá.

Objetado por todas las organizaciones de ecologistas y por los principales centros de estudios universitarios mesoamericanos, este proyecto surgió y fue tomando forma escalonadamente a partir de iniciativas del gobierno mexicano y el estadounidense y al que luego se plegaron los sectores adictos al modelo neoliberal en toda esa zona. Se ensamblan en él iniciativas previas, como el Plan de Desarrollo mexicano de la época de Zedillo y el Plan sobre el Corredor Biótico Mesoamericano, propiciado por el Banco Mundial, el BID y otras agencias.

Estos proyectos tenían como principal objetivo acelerar la entrada intensiva del capital norteamericano en las zonas mexicanas y centroamericanas. Ahora el Plan Puebla Panamá tiene como objetivo central llegar a controlar la región Mesoamericana mediante un tejido de grandes corredores interoceánicos, al servicio de las urgencias norteamericanas por conectar su costa este con la cuenca del Pacífico. Estos corredores se potenciarían con la amplia disposición de recursos energéticos (gas, petróleo, electricidad) de la región y en la explotación de los recursos humanos y bióticos.

Al servicio del Plan Puebla Panamá, los gobiernos de la región orientan ya varios diferentes programas parciales. Y así, esta concepción de los corredores termina incubando redes de fibra óptica, carreteras, ciudades, puertos, nuevas vías de ferrocarril y aeropuertos en una zona que entraría a ser estratégica para el comercio internacional y que vería degradarse rápidamente sus funciones y aportes al equilibrio ecológico y la biodiversidad, en la medida en que una maraña de negocios y empresas --y sus surtidos efectos de contaminación y avasallamiento de la diversidad biológica-- se haga presente.

En términos del nacimiento de nuevos conflictos ambientales, basta sólo reflexionar sobre la pobreza de estas zonas y el hecho de que son asentamiento de numerosas culturas aborígenes que conducen una relación muy especial con el ambiente. No cabe engañarse en este punto: los objetivos del Plan Puebla Panamá están bastante distantes del combate a la pobreza y de cualquier idea de desarrollo social. En este caso, como en muchos otros, se busca lograr "un cierto crecimiento económico" mediante la concesión de amplias ventajas para el inversionista, en este caso, para el sistema corporativo interesado en la realización de estos proyectos.

Como ya lo ha hecho en otros lugares, a cambio de su inversión, el sistema corporativo ingresa a la región demandando la erradicación de las formas productivas tradicionales, el fin de las comunidades indígenas, el trabajo barato, la introducción del peonaje carretero, la invitación maquilera o las migraciones forzadas.
Hay que pensar que en las zonas del famoso corredor, según el antropólogo Armando Bartra, el 40% de la población vive de la agricultura, y que allí conviven con 1.797 especies de mamíferos, 1.882 de reptiles, 4.153 de aves, 944 de anfibios, 1.132 de peces, 75.861 de plantas, además de incontables variedades de insectos y microorganismos. El Plan Puebla Panamá tratará de establecer seguramente la equivalencia de esta inmensa y alucinante riqueza biológica en términos de dinero, de acumulación de ganancias, que como es la regla dentro del sistema, se irá lejos.

Cabe insistir pues, en que la región en que se lanza el Plan Puebla Panamá es poseedora de un gigantesco banco biogenético y que en el inventario hay que colocar el 85% del petróleo mexicano, grandes recursos acuíferos, maderas ricas, tierra muy apta para la agricultura. Y lo fundamental: allí radica una importante población campesina e indígena de gran importancia cultural. ¿Y qué recibe la región a cambio del aprovechamiento de toda esta riqueza? Destrucción de la selva, 70 presas hidráulicas, carreteras, fibra óptica, ferrocarriles, ciudades turísticas, destrucción de la tierra egidal, instauración de nuevos cultivos (entre otros palma africana y transgénicos). La construcción de un paraíso ilusorio para las necesidades del Herrenvolk del siglo XXI.

El Plan Puebla Panamá impacta no sólo al área continental mesoamericana, también tocará los mares y riberas en donde se deposita una gran reserva petrolera. De acuerdo con las tendencias actuales de los gobiernos de la región, esta reserva está destinada a ser explotada por las grandes corporaciones transnacionales, para el servicio del mayor consumidor en el mundo: los EEUU, y para desventaja de la zona original de esta riqueza, que deberá sufrir los efectos del agravamiento de la contaminación y las consecuencias sociales y políticas de un nuevo colonialismo.

Los efectos de la implantación de estos proyectos ya se hacen sentir: gigantescos incendios provocados, operaciones de erradicación de pueblos nativos, tendido de carreteras estratégicas, etc. Los efectos continuarán creciendo con el tiempo, sobre todo a partir del año 2005.
Más información:   Gobierno de México. Plan Puebla-Panamá
Pagina del BID sobre el Plan Puebla-Panamá
Banco Interamericano de Desarrollo - México. Estrategia Operativa
Encuentro Mesoamericano contra el Plan Puebla Panamá
Plataforma de Solidaridad con Chiapas. Plan Puebla-Panamá
Página de Global Exchange sobre el PPP
El Plan Puebla Panamá Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria (CIEPAC)
Los Peligros del Plan Puebla Panamá Andrés Barreda Marín

- El Plan Amazonas

El área del planeta con la mayor extensión de bosques tropicales es la cuenca del Amazonas, con una superficie de 700 millones de hectáreas, que toma partes de diversos países sudamericanos: Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam. Allí se entrelaza una increíble variedad de ecosistemas, multitudes de especies y recursos genéticos. El mismo Amazonas, con sus 6.000 tributarios, constituye la cuenca acuática más grande del mundo. Y allí prospera la vida: 50.000 especies de mamíferos, 20.000 de reptiles, 21.000 de peces, 140.000 de invertebrados, 90.000 de insectos y artrópodos, 360.000 de plantas, además de incontables microorganismos. Es la zona que más oxigeno provee a la atmósfera del planeta. Antes de la llegada del hombre blanco, miles de etnias habitaban este lugar—ahora quedan 370.

Los regímenes combinados de expansión económica (minería, agricultura, tala de bosques), estimulados a través de diferentes "planes de desarrollo", más la ávida intervención de cientos de corporaciones, puede terminar con la selva brasileña en cincuenta años. Esta destrucción ya comenzó, es vertiginosa y creciente. Sólo en el año 2000 se terminó con 20.000 kilómetros cuadrados de bosques.
Ajustándose a las aperturas de los gobiernos de esa zona, las empresas transnacionales madereras tomaron presencia en la región, sobre todo a partir de 1991. En esa época llegan empresas malayas, indonesias y canadienses a Guyana y Surinam (En el primer país entran los gigantes asiáticos Barama y Berjara Timbers). Surinam queda repartido entre transnacionales malayas, chinas e indonesias. En Brasil las transnacionales avanzan inusitadamente desde 1996. Su éxito fue grande, y en 1998 el gobierno del estado de Amazonas dejó las manos libres a proyectos chinos y malayos.

Pero allí también avanzan otros grupos: Eidai do Brasil, de capitales japoneses, el mayor exportador de maderas de la Amazonía; el grupo Westag, de Alemania; el Manhattan Group, de EEUU; Janus International, de EEUU; Precious Woods, de Suiza. Ocho empresas transnacionales han acaparado selvas con una superficie igual a Belice en sólo un par de estados brasileños: Pará y Amazonas.

A nivel de los gobiernos de los países involucrados, este proceso es apreciado como una fuente para el pago de la deuda externa y para estimular "el crecimiento del PIB. En Guyana, el corte de los bosques nativos entrega 200.000 metros cúbicos de madera al año. Allí el Programa de Ajustes Estructurales quedó satisfecho con la entrega al madereo de 7 millones de hectáreas de bosques autóctonos. En Brasil ya se ha puesto en vigencia una nueva legislación que abre todas las zonas selváticas del país, manteniendo como reserva natural un parque de la superficie de Costa Rica. La producción maderera ha aumentado en los últimos años de un 14% a un 83%. Eso dice bastante.

Pero hay que pensar que en la explotación y degradación de los recursos naturales brasileños solamente, están involucradas cerca de mil corporaciones transnacionales. Todas ellas manejan, a través de sus gobiernos sedes y sus contactos en las instituciones supranacionales, una formidable conexión planificadora, y sus operaciones tienen un sentido estratégico, como se ve más claramente en otro de los planes regionales: el Plan Colombia, que fue lanzado hace un par de años y que pasamos a describir.
Más información:   Amazon Watch
Development or Destruction? A Study of the Amazon Basin. Emily Furia

- El Plan Colombia (luego llamado Iniciativa Regional Andina, para involucrar a otros países del área)

Es el lanzamiento de una gran operación de reestructuración de las relaciones EEUU-América Latina, en términos imperiales. Parte como un reposicionamiento estratégico en el terreno militar, que implicaba en primer lugar a Colombia, y que será la base para reorganizar la presencia dominante de los negocios y del poder norteamericano en América Latina como un todo. Sus proyecciones en todos los terrenos son grandes, y en el plan ambiental, fuera de proporción, como se anuncia desde sus inicios.

En Colombia el Imperio se ha propuesto ganar una guerra instalada desde hace muchos años. El objetivo principal a conquistar con ese triunfo es un posicionamiento decisivo en los 7 millones de kilómetros cuadrados de la Amazonia. Un esfuerzo de respaldo a la obra maestra que ya están realizando sus empresas en ese entorno. Pero aquí el botín lo constituye todo el resto de los recursos naturales de la región, además de los madereros: la diversidad biológica, los hidrocarburos, los minerales.

Para la tarea, los EEUU han escogido hacerse cargo del esfuerzo militar y han dejado a sus aliados europeos el esfuerzo social. El comienzo de las acciones de tipo militar ha tomado rumbos destinados a desfoliar --mediante grandes agresiones químicas-- el área, con tremendas consecuencias, incluso a largo plazo. A eso se agrega una noción del conflicto que no deja espacios a negociaciones de paz sinceras, y propone el enfrentamiento armado como una solución.

En esta propuesta armada se ha involucrado a contingentes militares de diversos países. Ya se encuentra en operaciones una coordinación regional a cargo de maniobras conjuntas que van generando un espacio, al sur del "corredor centroamericano", dominado por la lógica de la guerra. Allí se han visto involucrados otros países y gobiernos del continente, en acciones que si en lo inmediato van contra la insurgencia colombiana, pueden tener a futuro otros objetivos, siempre dentro de "la cláusula democrática" de los acuerdos militares que Washington ha ido tejiendo en el continente.

Actualmente se calcula en cerca de 1.000 millones de dólares anuales lo que EEUU estaría invirtiendo en el apoyo a operaciones contrainsurgentes. Pero probablemente esa es una cifra que podría aumentar si se le suman fondos que ingresan por otros conductos.

La fase actual del Plan Colombia corresponde al aspecto más agudo del "conflicto ambiental", el de la guerra en contra de la población campesina de esas zonas. Un tipo de conflicto que ninguna ONG podría enfrentar, ni menos detener, en mesas de concertación, y que de partida las excluye como parte de la solución.

El Plan Colombia es un firme eslabón en la cadena que une el Plan Puebla Panamá con el Plan Amazonas. El pretexto, ante la opinión pública, ha sido la lucha contra el narcotráfico, estrategia que tiene otro antecedente: el Plan "Dignidad", en Bolivia, que lanzó a los uniformados a la erradicación de los cultivos tradicionales de coca, originando una extensa convulsión social en las zonas de Cochabamba, que todavía perdura.
Más información:   Plan Colombia (documentos):
"Plan Colombia ... Plan of Death" Linda Panetta
Colombia: De Vietnam al Amazonas
Campaña contra el Plan Colombia

¿Cómo responder?

Hasta aquí estos enunciados que ponen de manifiesto la existencia de una operación planeada de extorsión de recursos, cuyos agentes principales son las grandes potencias, organismos supranacionales como fachada y gobiernos coludidos a empresas transnacionales.

No queremos crear la ilusión de que esta problemática se reduce a América Latina. Afecta también a otras vastas regiones del planeta que han estado y siguen estado sujetas a mecanismos de decisión y de explotación parecidos: la deforestación de África ecuatorial, (Africa Occidental, Nigeria, Ghana y Costa de Marfil), a cargo de las madereras europeas, o el violento ingreso de las transnacionales y de sus maquinarias de guerra en Asia Central.

Hay que ser conscientes de que nos hallamos en el cruce de caminos de grandes movimientos estratégicos del capital y del poder. Todas estas situaciones poseen una importancia particular para las organizaciones de la sociedad civil que se preocupan por los conflictos medioambientales crecientes. Ellas tienen la tarea urgente de dar voz a una fuerte y bien documentada denuncia, accesible fácilmente no sólo a élites interesadas sino fundamentalmente a las poblaciones directamente afectadas por estas políticas ecocidas globales y que merecen, más que cualquiera, estar en posesión de información autorizada, verdadera y pertinente.

Es de la más grande importancia prever, en cada caso, los efectos potenciales sociales y ecológicos de todos estos proyectos, planes y políticas, para dar la advertencia apropiada y oportuna a todos los afectados.

Septiembre 2002

Versión original:
The Global Attack on Natural Resources
Ricardo Cifuentes Villarroel
Development, volume 45, pages 59–63 (2002)

Fuente:
https://link.springer.com/article/10.1057/palgrave.development.1110380

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