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09 de Febrero de 2016

Ex trabajador de Santa Marta revela las graves irregularidades que facilitaron el desastre ambiental

Luego de tres semanas de investigación la Superintendencia del Medio Ambiente levantó cargos contra los dueños del relleno Santa Marta, cuyo incendio cubrió Santiago de humo pestilente y provocó su cierre. También pidió al Tribunal Ambiental su clausura, permitiendo que opere en un sector reducido. El testimonio de un ex operador que recogió CIPER entrega por primera vez detalles de los riesgos con que funcionaba el relleno y cómo se ignoraron las advertencias. Queda expuesta la actitud permisiva de las autoridades, que autorizaron la descarga de sustancias toxicas, incluso asbesto, sin estudios.

La Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) resolvió el martes 9 de febrero levantar cargos contra el consorcio dueño del Relleno Sanitario Santa Marta. También solicitó al Tribunal Ambiental de Santiago la clausura de la mayor parte del vertedero, dejando un sector para continuar el acopio de desechos que no podrán superar los 810.000 metros cúbicos. Entre los cargos contra el consorcio está el haber depositado en Santa Marta, sin autorización, 110 mil toneladas de lodos -desechos semilíquidos de aguas servidas- durante 2014 y 2015 (Ver documento de la Superintendencia).

Las acusaciones de la SMA son coincidentes con el testimonio que CIPER recogió de un ex operador del vertedero, quien proporciona nuevos antecedentes que encienden una alerta sobre los riesgos de que se permita su reapertura, aunque sea parcial, si se mantienen las condiciones con que operaba al momento del desastre, el 15 de enero, cuando se desplomó una parte del cerro de basura y un incendio cubrió de humo pestilente a Santiago.

Cuando aún no se conocen los resultados de la investigación sobre los orígenes de la emergencia ambiental, el testimonio de este ex operador –que trabajó hasta diciembre en el vertedero- entrega detalles de cómo en el último tiempo, para mejorar la rentabilidad del negocio, sus dueños hicieron crecer el volumen de la descarga de lodo, basura y sustancias tóxicas. Y también, de cómo se desestimaron en las semanas previas a la emergencia múltiples señales de alerta sobre la creciente inestabilidad del terreno.

La acusación de la SMA contra el Consorcio Santa Marta se produce en medio de la amenaza de un paro total de los trabajadores que recolectan la basura de la capital, los que demandan que el vertedero vuelva a operar parcialmente, ya que su cierre – más allá de las paupérrimas condiciones en las que realizan su trabajo (Ver reportaje CIPER “La otra cara del negocio de la basura: las paupérrimas condiciones en que trabajan más de 13.700 recolectores“)- los han obligado a extender sus jornadas de trabajo.

LA PRESION DEL CONSORCIO SANTA MARTA

La recepción de desechos en el vertedero está paralizada por orden de tres autoridades. La primera fue la resolución de la Seremi Metropolitana de Salud (19 de enero), a la que siguió la de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), del 22 de enero. Por último, los dueños del vertedero, el Consorcio Santa Marta, debieron asumir una rotunda derrota cuando el 5 de febrero la Corte de Apelaciones de San Miguel desestimó la reapertura parcial solicitada por la empresa. A ello habría que agregar la orden de no innovar dictada el 22 de enero por la misma corte de San Miguel, en respuesta a los recursos de protección presentados por las autoridades municipales de Talagante, comuna en la que se ubica el vertedero.

El consorcio, en su escrito ingresado el 3 de febrero ante la corte para levantar la orden de no innovar, argumentó que existía una zona segura en el relleno, donde podían continuar acopiándose los desechos, para lo cual acompañó los informes de un experto de la Universidad Católica de Valparaíso y de cuatro ingenieros de la Universidad de Santiago, todos los cuales avalan la estabilidad de esa zona segura, según la empresa (ver al final: LOS EXPERTOS CITADOS POR SANTA MARTA). Adicionalmente, el consorcio afirmó en su presentación judicial que “ha dado cumplimiento a la normativa ambiental vigente en la operación del relleno sanitario” (ver presentación ante la corte).

CIPER escuchó el testimonio del ex trabajador de Santa Marta, Sebastián Zamora Cordero, quien laboró allí hasta el 28 de diciembre de 2015, dos semanas antes de la avalancha y el incendio. Su versión, la única hasta ahora de un protagonista directo de las faenas en el relleno, contradice las seguridades que ha dado el consorcio y plantea serias dudas –que deberán ser investigadas– sobre el cumplimiento de acopio de lodos (desechos semilíquidos) y de restos hospitalarios, así como la recepción de otras sustancias nocivas, como el llamado “carburo” (usado en soldaduras) y materiales que contienen asbesto.

Zamora –quien operaba maquinaria para la descarga de la basura en el vertedero– dijo a CIPER que fue despedido “por necesidades de la empresa” junto a otras tres personas luego de que sus jefaturas se enteraran de que pretendían organizar un sindicato y realizar una paralización de faenas en reclamo por un bono de producción no pagado por el empleador.

Según el trabajador, antes de su despido aparecieron hoyos en distintos taludes de la zona sur del vertedero, los que intentaron ser rellenados con tierra. Esa habría sido, a su juicio, una señal de la inestabilidad que luego provocaría el deslizamiento de la basura el 15 de enero.

En 2012, el Consorcio Santa Marta logró la aprobación de la autoridad ambiental para aumentar el volumen de desechos que podía recibir en el relleno y prolongar su vida útil por 13 años más, hasta el año 2035, fecha en la que se habrán acumulado 42 millones de toneladas de basura, rodeadas por cerros del sector de Lonquén (Ver reportaje CIPER “Vertedero Santa Marta obtuvo en 2011 permiso para funcionar 13 años más y duplicar basura acumulada“).

Pero esa no había sido la única modificación obtenida por la empresa. Un año antes (2011) había conseguido un cambio sustancial de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) Nº 433 que autorizó la apertura del relleno en 2002. Esa RCA estableció que Santa Marta solamente podía recibir basura domiciliaria. Pero ello cambió el 1 de abril de 2011, cuando el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) dictó la resolución Nº 631, que permitió al vertedero recibir lodos de plantas de tratamiento de aguas servidas, con un tope del 6% del total de toneladas de desechos ingresados.

Dicho cambio en la naturaleza de los desperdicios fue aceptado por las autoridades ambientales sin considerar una consulta de participación ciudadana, tal como ocurrió en 2012 con el aumento en la vida útil del relleno, amparándose en que se trataba de una “declaración de impacto ambiental” y no en un “estudio de impacto ambiental”.

LOS LODOS DE AGUAS SERVIDAS

Sebastián Zamora llegó a trabajar a Santa Marta en 2013. Entre sus primeras tareas estuvo sacar las carpas que cubren los acoplados de los camiones (ramplas o trailers de 22 metros de largo) que trasladan basura domiciliaria desde la Estación de Transferencia Puerta Sur, también de propiedad del consorcio, al vertedero. Ya sin su cobertura, los acoplados cargados de desechos eran llevados hasta el “pozo de lodos”. Allí, una retroexcavadora sacaba lodos –tres o cuatro paladas, recuerda Zamora– y los vertía sobre la basura del trailer, mezclando así los desechos sólidos con los líquidos. Después se iniciaba la descarga de esa mezcla en el vertedero.

Los lodos (sin basura sólida) no eran lanzados directamente al vertedero, explicó Zamora, porque el piso se ablandaba y los bulldozers que debían compactar los desechos comenzaban a “pegarse” y hundirse, sin poder realizar su trabajo.

La segunda labor de Zamora en Santa Marta fue como operador de uno de los dumpers, máquinas con capacidad para levantar hasta 50 toneladas, pues deben alzar los acoplados cargados con entre 20 y 35 toneladas de basura (vacíos pesan cerca de 10 toneladas).

El ex operador del vertedero relató a CIPER que los dumpers elevan de un extremo las ramplas cargadas de desechos y lodo para que todo caiga al vertedero, donde los bulldozers realizan la tarea de esparcir y compactar la mezcla, formando bloques que hasta 2014 eran de entre 4 y 8 metros de altura. Sobre esos bloques se lanzaba tierra para continuar el trabajo de compactación, formando escalones de basura que se elevaban afirmados en las paredes de los cerros del relleno.

Pero desde marzo de 2015 comenzó un fuerte aumento de recepción de lodos en Santa Marta, relató Zamora:

-Siempre llegaron lodos en grandes cantidades cada día: unos 18 tarros de dos metros cúbicos. Pero desde esa fecha el lodo no sólo llegaba al pozo, sino que ya venía mezclado con la basura desde la estación de transferencia. Lunes y martes eran el boom del lodo porque llegaban dos y tres ramplas de puro lodo. Incluso algunas con sobrepeso, al punto que el dumper 1004, que funciona desde julio de 2015, no era capaz de levantarlo. Por ende, había que retirarlo de la zona, solicitar que la retroexcavadora del pozo se acercara y descargara la mitad de la rampla para poder levantarla con el dumper.

Los lodos, explicó Zamora, eran de intenso olor a descomposición y variaban desde muy líquidos hasta gelatinosos. “Llegaban los desechos de las fosas de aguas servidas. Mientras más líquidos, eran más tóxicos. Sentíamos dolores estomacales y de cabeza”. El ex operador recordó que reclamaban a sus jefes cuando los camiones venían chorreando lodos, pero las jefaturas “nos indicaban que esas eran las lucas de la basura, porque el desecho domiciliario no dejaba mucho. Pero con el lodo decían que se pagaba a la gente y quedaban las ganancias”.

RÍO SUBTERRANEO Y SEÑALES DE PELIGRO

Según el testimonio del ex trabajador de Santa Marta, el aumento de la recepción de lodos sería una de las causas del debilitamiento del cerro de desperdicios y la posterior avalancha: “Se formó un río subterráneo de percolado bajo la basura y eso debilitó lo que se había compactado”, explicó.

Los líquidos de la putrefacción de los desechos originalmente se llevaban por gravedad a un sitio llamado “silo”, desde donde pasaban a la planta de tratamiento para sanearlos y luego usarlos en programas de reforestación en el propio vertedero. Pero el aumento de la recepción de lodos y de basura habría superado la capacidad de la planta de tratamiento y, según Zamora, comenzaron a devolver el líquido putrefacto (lixiviado) desde la base del relleno hasta la cima, mediante la confección de pozas en distintos escalones de basura y con la ayuda de motobombas.

-Al retornar el líquido desde la parte baja a la parte alta, sumado a lo que estaba entrando diariamente, se hizo inestable el relleno -acotó.

Zamora aseguró que el vertedero dio “avisos” antes del derrumbe: “Cuando comenzábamos a levantar las ramplas, las patas de los dumpers se hundían. Eso no pasaba antes porque había una buena compactación. Entonces teníamos que rellenar el piso con tierra y volver a nivelar el dumper para seguir la descarga”. Zamora dijo a CIPER que informó a las jefaturas de lo que sucedía, “pero nuestra alerta no se tomó en cuenta”.

Hubo más señales de inestabilidad en la segunda quincena de diciembre, recordó el ex operador. “Aparecieron agujeros en distintos puntos. El vertedero estaba absorbiendo la mezcla de basura con tierra”, agregó Zamora. Aunque intentaron tapar los agujeros con tierra, a comienzos de enero también habrían surgido grietas en la parte más alta, según le indicaron trabajadores con los cuales mantuvo contacto tras su despido.

MÁS DESECHOS Y ASBESTO

En la percepción de Zamora, no sólo aumentó la llegada de lodos. También de basura domiciliaria y de otros tipos, más tóxica:

-A partir de 2015 descargábamos entre 400 y 700 camionadas a un promedio de 30 toneladas de basura cada una. Tuvimos que trabajar con cuatro dumpers y avanzábamos tan rápido en la descarga que la compactación que se hacía no era la adecuada.

De acuerdo a sus cálculos, los días de mayor movimiento el vertedero recibía cerca de 20 mil toneladas, en circunstancias que actualmente Santa Marta está autorizada a depositar casi 120 mil toneladas al mes.

Antes de 2015, describió, se formaban bloques con los desechos de hasta 8 metros de altura y luego se los tapaba con un metro de tierra. “Pero después, se estaba pasando a 10 metros de basura por medio metro de tierra”.

Pese a trabajar en un ambiente tóxico, los operadores de los dumpers no recibían habitualmente mascarillas ni tampoco se les informaba el grado de peligrosidad de los residuos. “Nuestra protección eran los guantes de cabritilla, los bototos de seguridad, un overol, casco, antiparras y el bloqueador. Pero mascarillas no, salvo cuando iban a ir los inspectores de Salud”, aseguró Zamora.

Además de los lodos, relató que algunos días otros productos peligrosos se vertían en el relleno mezclados con la basura común: tarros con pintura, además de envases de diluyente, de aerosoles, botellas de detergente y de lavalozas. Incluso asbesto, material cuya fabricación e importación está prohibida en el país desde el año 2000 por sus graves efectos para la salud, aunque el reglamento sanitario dejó abierta una ventana para su producción cuando no hay un material de reemplazo. Según se concluye de una resolución de 2014, Santa Marta está autorizado por la Seremi de Salud para recibir desechos que contienen asbesto (Ver documento).

Zamora dijo a CIPER que le tocó recibir hasta ocho camiones en un día cargados con materiales que contenían asbesto, envueltos en nylon. “Cuando el bulldozer lo desparramaba, el nylon desaparecía y comenzaba a levantarse el polvo con asbesto. En los dos años que trabajé allí jamás me enviaron a hacerme un examen toxicológico”, se quejó, en referencia a que el asbesto es considerado un residuo peligroso y que su inhalación produce asbestosis.

Otra sustancia peligrosa que se recibía algunas veces era el carburo en forma de ceniza caliente, aseguró el ex operador. El carburo se utiliza en soldaduras y reacciona químicamente con agua. El testimonio de Zamora es que al verterlo en el relleno comenzaban a producirse incendios localizados: “Nos ocurrió en varias ocasiones en que estando con los supervisores se generaban incendios. Yo pregunté la razón hasta que me indicaron que a veces llegaba carburo, material que es altamente inflamable”. Cuando se producían los incendios no era posible apagarlos con agua, porque aumentaba la combustión. “Andábamos en plena basura con palas para controlarlo o usábamos los extintores de los dumpers”, recordó Zamora, quien fue también teniente de la compañía de Bomberos de Lonquén.

RESTOS HOSPITALARIOS

El 28 de diciembre de 2015, la SEREMI Metropolitana de Salud emitió la resolución Nº 108.103 que dio luz verde al acopio de restos hospitalarios (Residuos Especiales de Establecimientos de Salud, RES) en un contenedor especial habilitado en Santa Marta.

Sin embargo, Sebastián Zamora afirmó a CIPER que durante sus dos años de trabajo siempre vio restos hospitalarios mezclados con basura al descargar las ramplas: “Llegaba mucha basura hospitalaria, mucha aguja, vías intravenosas llenas con sangre, vestimenta con sangre, vendajes, todo revuelto, no en compartimientos. Al descargar, eso caía encima del dumper y teníamos que sacarlo con pala y después dejar limpia la máquina”.

El Consorcio Santa Marta obtuvo la autorización para depositar RES a través de un camino legal, llamado “consulta de pertinencia”, mediante el cual la empresa interesada pregunta al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) del Ministerio del Medioambiente si es pertinente ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) un determinado proyecto, en este caso el manejo de residuos hospitalarios.

Luego el SEA consulta a otros servicios la opinión. Así lo hizo la directora regional del SEA, Andrea Paredes, quien ofició a la SEREMI de Salud, Daniela Zavando, el 4 de marzo de 2014. La respuesta la dio el 2 de mayo de 2014 el nuevo SEREMI metropolitano, Carlos Aranda, quien afirmó: “es opinión de esta SEREMI que lo solicitado por el titular no amerita ingresar al SEIA”.

El 4 de junio de 2015, la directora del SEA emitió la Resolución Exenta 229 que señala que el proyecto no requiere ingresar al SEIA de forma obligatoria, “sin perjuicio del cumplimiento de la normativa de carácter ambiental y sectorial que corresponda (…) Cumplo con señalar que la presente respuesta a vuestra consulta se ha elaborado sobre la base de antecedentes entregados por usted, por lo cual, cualquier omisión, error o inexactitud que acuse su consulta, es de su exclusiva responsabilidad”.

De este modo y sin realizar ningún estudio de impacto ambiental ni consulta a la ciudadanía, el propio Servicio de Evaluación Ambiental metropolitano resolvió que no había que hacer evaluación para que Santa Marta recibiera desechos hospitalarios y endosó a la empresa cualquier responsabilidad sobre la solicitud.


LOS EXPERTOS CITADOS POR SANTA MARTA

En su reciente presentación ante la Corte de Apelaciones pidiendo la reapertura parcial del vertedero, los dueños del Consorcio Santa Marta aceptaron no recibir lodos al menos durante un periodo y aseguraron que existe una zona estable en la que puede depositarse la basura de las 19 comunas que atiende. Para demostrar su versión, acompañaron los informes de expertos y en su escrito señalaron: “La seguridad de dicha zona se encuentra avalada por una serie de informes técnicos, emitidos tanto por los académicos expertos de la Universidad Católica de Valparaíso, Raúl Espinace y Marcel Szanto (contratado por la Superintendencia del Medio Ambiente)”.

Uno de los expertos que mencionan los dueños del Consorcio Santa Marta en su recurso, Raúl Espinace, efectivamente ha realizado –junto a otros ingenieros del Grupo de Geotecnia y Residuos de la UCV- varios estudios contratados por ellos. En uno de esos estudios, que data de hace 12 años, al final del documento aparece su nombre y también el del doctor ingeniero Marcel Szanto Narea. Los estudios contratados por Santa Marta y que aparecen fechados en 2004, fueron tres: Programa de Monitoreo del Relleno Sanitario Santa Marta, Diseño del Sistema de Evacuación Adicional de Líquidos Lixiviados del Relleno Sanitario Santa Marta y Plan de Crecimiento del Relleno Sanitario Santa Marta.

CIPER contactó vía correo electrónico al segundo de los expertos mencionados en el recurso de la empresa - Marcel Szanto- con el fin de corroborar si efectivamente había sido contratado en estos días por la Superintendencia de Medioambiente para evaluar las condiciones estructurales del vertedero que posibilitarían su apertura. Una consulta pertinente dado que habiendo prestado servicios al consorcio ahora aparecía como consultor de la autoridad ambiental en la emergencia. Esta fue su respuesta:

“No he realizado ningún trabajo como GRS (NdR: siglas de la consultora de su propiedad) o PUCV a Santa Marta. En la facultad está el grupo de geotecnia dirigido por el profesor Raúl Espinace, quien hoy asesora con su consultora Geotecnia Ambiental a Santa Marta. Otro grupo es el de Biotecnología dirigido por el profesor Rolando Chamy”.

No hubo posibilidad alguna de repreguntar ni de hablar telefónicamente con él. CIPER se comunicó entonces con el otro experto que aparece en el recurso de Santa Marta, Raúl Espinace. Su respuesta – vía correo electrónico, reenviado a CIPER por el propio Marcel Szanto- fue: “No recuerdo que hayas participado en el estudio del año 2004 y no recuerdo nombres que aparecen ahí, como Julio Silva, pero averiguaré de qué se trata”. Más tarde, Espinace envió un nuevo correo, esta vez a CIPER, donde dice: “Efectivamente he participado en estudios sobre Santa Marta”.

Por Víctor Carvajal
CIPER

http://ciperchile.cl/2016/02/09/ex-trabajador-de-santa-marta-revela-las-graves-irregularidades-que-facilitaron-el-desastre-ambiental/

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