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16 de Septiembre de 2018

Pese a la nube tóxica, en Quintero y Puchuncaví aún se respira lucha


Ya se han cumplido 3 semanas de movilización en Quintero y Puchuncaví desde la intoxicación de los niños y niñas del Liceo Politécnico de Quintero, episodio que gatilló las primeras protestas en la zona. Dos semanas desde la visita del presidente Piñera y su recibimiento con insultos y escupos por parte de la población. Y una semana desde la marcha del 8 de septiembre en donde participaron miles de personas y que terminó con decenas de detenidos y detenidas en un enfrentamiento de horas entre la población y la policía. Mientras tanto, las asambleas se han expandido a zonas de Puchuncaví y Horcón.




Durante estas tres semanas la movilización no se ha detenido, al igual que las intoxicaciones que hasta el momento superarían las 500 personas. En todo este tiempo de presión y envenenamiento ninguna empresa del tóxico parque industrial ha sido paralizada por el gobierno. La tónica por parte de la autoridad ha sido la indolencia y la indiferencia. Como salido de una obra de Teatro del Absurdo, el gobierno frente a la contaminación industrial decidió cerrar las escuelas en vez de las empresas.


Por suerte los y las estudiantes han tomado la historia con sus manos y la casi totalidad de los establecimientos educacionales secundarios de la zona se encuentran en toma y en proceso de movilización, incluyendo la emblemática escuela La Greda tomada por sus pequeños estudiantes de enseñanza básica.










El 12 de septiembre el Cabildo Abierto de Quintero-Puchuncaví, una organización social horizontal y asamblearia que ha mantenido durante estas últimas semanas una ocupación histórica en la plaza de Quintero, convocó junto con el Colegio Médico una actividad informativa en donde asistieron cientos de personas. La presidenta del gremio fue enfática en afirmar que la única solución real era el cierre del parque industrial hasta encontrar a los responsables y establecer las normativas correspondientes para que no siguieran estos niveles de contaminación.


En la actividad también estuvo presente el destacado toxicólogo doctor Andrei Tchernitchin, quien afirmó que la actual situación es crítica, haciendo énfasis en la afectación a embarazadas y los niños recién nacidos, quienes frente a muy breves exposiciones a los agentes tóxicos pueden tener consecuencias de salud durante toda la vida. La solución para el doctor no son los exámenes o las pastillas, sino disminuir la exposición a los tóxicos de inmediato.


Diana Pey, una doctora de Valparaíso también entregó su apoyo a los y las pobladoras haciendo énfasis en evitar cruzamientos con otros contaminantes alimentarios y de usos domésticos, así como llamar a beber aguas limpias, alimentos frescos libres de pesticidas y evitar químicos de aseo entre otras practicas, que también se unen a la hora de debilitar y enfermar a la población.


El Colegio Médico sorprendió con su propuesta: suspender inmediatamente todas las industrias hasta estabilizar la situación y establecer mayores controles a la contaminación. Una propuesta en sintonía con las demandas de la población, y que el gobierno niega tajantemente.


El mismo día el gobierno se encontraba desplegado en la zona junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS). El evento ampliamente esperado por los y las pobladoras terminó con un hedor decepcionante en el ambiente. La OMS se paseó por Quintero y Puchuncaví en una atmósfera de total secretismo, en vehículos con vidrios polarizados y sin dar ninguna información, casi como escapando del movimiento social que exigía su presencia en la zona. Los y las pobladoras no pudieron acceder a una reunión con la organización, mientras que los doctores Pey y Tchernitchin, tampoco fueron bienvenidos en las herméticas reuniones del gobierno y la organización internacional. Finalmente, al terminar el día, se logró tras la insistencia sistemática que se recibiera el informe de Tchernitchin, mientras que las Mujeres en Zona de Sacrificio pudieron reunirse con la OMS y entregar alguna visión de la comunidad, en una jornada que mostró a una OMS mucho más cerca de los culpables de la catástrofe socioambiental que de quienes están sufriendo las consecuencias de la contaminación.


También puedes ver:  Crisis socioambiental: impactos del Complejo Industrial Ventanas en Quintero y Puchuncaví

Durante las semanas de alerta amarilla las intoxicaciones no se han detenido. El hospital de Quintero se encuentra totalmente sobrepasado, tanto así que los y las funcionarias tuvieron que realizar un breve paro que logró que el gobierno entregara realmente lo que había prometido en cuanto a medidas mínimas de atención de salud. Ni siquiera la llegada del hospital militar de campaña que fue instalado ha podido sortear la crisis sanitaria y toxicológica que vive el sector.


Entre la población también se escuchan permanentes rumores de la llegada de militares a la zona, algo que suele ocurrir en los contextos de este estilo, ya sea por el miedo que aún perdura por la dictadura, o por imágenes y movimientos extraños que algunos pobladores y pobladoras han manifestado observar por la ciudad. Pese a los rumores, lo cierto es que el mismo día de la visita de la OMS, efectivos de la fuerza aérea, la marina y el ejército, junto con la ONEMI, se reunieron en Puchuncaví a puertas cerradas. Es difícil saber qué se conversó en aquella reunión, pero lo que si podemos ver es que el funcionamiento del polo industrial es un asunto de seguridad nacional, a simple vista mucho más relevante que la salud de la población. No hay que olvidar tampoco que en las últimas catástrofes socioambientales como los megaincendios de 2017 y el terremoto de 2010 en la zona centro sur del país, el ejercito ocupó las calles. En este último evento para proteger a las grandes cadenas del retail de los saqueos, involucrándose incluso el ejército e infantería de marina en asesinatos a pobladores durante su despliegue en el “estado de excepción” con toques de queda en las ciudades de Concepción y Talcahuano.


Lo que sí es visible a todas luces son los diferentes puntos de seguridad y cercos policiales que se han montado en la zona para proteger el avance de la devastación y el tan manoseado concepto de “progreso”. Carros policiales, micros de carabineros, carros lanza-agua y un número importante de efectivos de fuerzas especiales se encuentran desplegados en el sector de Ventanas, justo en la carretera que da acceso a los camiones que ingresan al polo industrial. Los efectivos policiales también se encuentran en la entrada de la población La Greda, lugar que fue escenario de largos enfrentamientos con la policía durante el sábado 8 de septiembre, en donde manifestantes, pobladores y pobladoras de La Greda dieron batalla contra las fuerzas represivas del Estado.




Durante estas movilizaciones, quienes se acercan al parque industrial son objeto de reiterados controles de identidad, sobretodo si los controlados se encuentran registrando o fotografiando a las cuestionadas empresas, cuyas instalaciones se encuentran junto a la playa pública. Según comunicó carabineros a los medios de comunicación, los efectivos están custodiando la zona con el pretexto de la supuesta instalación de un artefacto explosivo casero el 24 de agosto en el muelle de la empresa GNL Quintero, el cual no habría explotado.




El Estado y la burguesía extractivista se encuentran alertas a lo que sucede en Quintero. Y aunque aún falta para llegar a estos niveles, no les interesa una nueva Freirina o un nuevo Chiloé, movilizaciones que incluyeron largas jornadas de protesta popular contra la agroindustria y la salmonicultura industrial, en donde las fuerzas represivas del Estado se vieron muchas veces sobrepasadas frente a una población decidida a luchar en un territorio que conocía bien y con fuertes lazos familiares y comunitarios detrás. La amenaza de una crisis política de proporciones, en un conflicto que cada vez adquiere más relevancia nacional y mundial como son los conflictos socioambientales, no es algo que entusiasme mucho a este gobierno o a cualquier otro, empecinados a contener la crisis ambiental planetaria a través de medidas tecnocráticas y tecnológicas, pero en ningún caso con la participación de la población, y menos con la incidencia de los y las más pobres, quienes son los y las más perjudicadas por la devastación y contaminación.


El gobierno se ha caracterizado por sus respuestas ridículas ante la emergencia. La suspensión de clases, la represión o los comentarios de que las alergias de la población eran producto del “polen” son cosas que se suman para mostrar que el Estado está dispuesto a todo con tal de no cerrar las industrias que alimentan los bolsillos de la liga politico-empresarial. Alianza que hemos visto como nunca tras los sucesivos escándalos de corrupción que se han mostrado en el país en los últimos años. La clase política sabe que si caen las empresas extractivistas, ellos también caen, los lazos de dependencia política y económica son muy fuertes e importantes como para ponerlos en peligro.



Pese a todo, la ocupación de la plaza de Quintero se mantiene. El día 13 de septiembre fue un día particularmente especial. La asamblea del Cabildo abierto de Quintero-Puchuncaví en conjunto con vecinos y vecinas organizó una serie de talleres, entre ellos la elaboración de productos naturales de salud con plantas y hierbas a través de tinturas y aceites para distintas enfermedades y dolencias que aquejan a la población. También un taller de alimentación que contó con la enseñanza en torno a alimentos probióticos. Junto con esto algunas terapeutas naturales brindaron sus conocimientos para sanar y equilibrar energéticamente a quienes resisten en el campamento. Más en la tarde un grupo de abogadas vino a realizar una charla sobre estrategias contra la represión, después de las decenas de detenciones que dejó la última protesta masiva, así como las denuncias de dirigentes que afirman estar siendo perseguidos y hostigados por las fuerzas policiales y de inteligencia del Estado.


La movilización continúa mientras la población de la ciudad se mantiene aún dividida. Una amplia capa apoya las demandas del movimiento, mientras que otro grupo no menos importante de la ciudad desaprueba las movilizaciones. El argumento principal en contra es la mala fama que se le estaría entregando a una zona turística como Quintero, en un contexto en donde se vaticina una disminución dramática de visitantes en la zona, lo que golpearía aún más económicamente a una ciudad caracterizada por la pobreza y la precariedad de la salud de sus habitantes. Lo curioso del argumento en contra es que la culpa se le echa a los y las manifestantes, y no a las industrias que son la razón de fondo de que una zona tan hermosa como la bahía de Quintero este convertida en una zona de sacrificio.


Los y las pobladoras activas se mantienen realizando actividades, teniendo como centro de operaciones la plaza de Quintero, en una experiencia en donde han sido las mujeres quienes han protagonizado numérica y socialmente el movimiento de protesta. Según el Cabildo Abierto las iniciativas se mantendrán hasta conseguir los puntos del petitorio, los cuales incluyen paralización del complejo industrial hasta descubrir la causa de las intoxicaciones. Que el cordón industrial se rija por las normas de la OMS. Total paralización de la expansión del parque industrial y reforestación con bosque nativo a través de la creación de un Parque Nacional que una los humedales de Mantagua, Ritoque y Campo Dunar. Modificar la complejidad del hospital y crear una zona franca energética con rebajas para la población.


La población conoce la dificultad de la batalla que lleva a cabo, pero a la vez se encuentra totalmente conciente de que lo que se está jugando aquí es nada menos que la vida de la población humana y el resto de seres vivos que habitan el territorio. Porque lo que se respira en este territorio no son sólo gases tóxicos, también aquí se inspira profundo para seguir adelante, aquí también se respira lucha.

Aucán Salas / resumen.cl

Fotografías: Gentileza de Frente Fotográfico. 

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