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16 de Marzo de 2020

Gobierno errático, coronavirus y respuesta popular en Chile



El SARS-CoV-2, una nueva versión de Coronavirus, desconocida hasta hace algunos meses, ha captado la preocupación de la población mundial. Existe preocupación por la rápida expansión del virus que puede llegar a colapsar el sistema de salud chileno, tal como ha pasado en países del primer mundo como Italia. En este contexto son las personas inmunodeprimidas, con enfermedades crónicas o de edad avanzada quienes componen el segmento de mayor riesgo. Además, un país dividido en clases sociales, la clase alta cuenta con mayores capacidades económicas para acceder a insumos médicos y salud privada, mientras que los más pobres -nuevamente- podrían ser los más expuestos.

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Se ha buscado alarmar perversamente a la población desde instituciones públicas y medios de prensa. Esto lo expuso de manera muy sencilla el representante de la OMS en Chile, Fernando Leanes, cuando en un canal de televisión le preguntaron si los anuncios hechos por el organismo al declarar la COVID-19 como pandemia eran para "apanicarse", a lo que Leanes respondió "Pero bueno… Uno escucha el programa de ustedes y escucha la música y escucha el tono con que decimos las cosas y a veces eso, Montserrat, es lo que produce el pánico…". La declaratoria de pandemia indica que esta patología ha afectado a personas en diversos países, sin que ello justifique la angustia que se intenta infundir en la población.

Los potenciales efectos en Chile parecen estar determinados, primero por el negado derecho a la información veraz y oportuna, con empresas comunicacionales a las que no se les responsabiliza de sus prácticas orientadas a la desinformación. Y, en otro ámbito, por el precarizado sistema público de Salud, ya incapaz de responder adecuadamente la demanda de atención durante periodos de "normalidad" en beneficio de un continuo traspaso de dinero a empresas sanitarias privadas.

Por otra parte, la inexistencia de una economía productiva y de garantías laborales condena a gran parte de la clase trabajadora a laborar en la extracción de materias primas o en múltiples servicios con regímenes contractuales absolutamente desfavorables. Ninguna autoridad ni miembro de la clase política hizo referencia a qué ocurrirá con quienes laboran en los espacios o negocios que han sido o serán cerrados y no cuentan con un contrato laboral que les asegure un salario. Si se considera que en Chile el 40,5% del empleo es informal (según la OIT) y que crecientemente a la población se le imponen contratos a honorarios por labores o temporadas acotadas, cabe pensar que los y las trabajadoras no cuentan con garantías para sobrellevar un periodo de receso.

Con una solución tan burda como el establecimiento de "turnos éticos", Piñera quiso responder a qué ocurrirá con los y las niñas que desde este lunes no tendrán actividades escolares y sus tutores/as tendrán que seguir trabajando. Sin referirse al hacinamiento y las vulnerables condiciones sanitarias en que se encuentran las personas privadas de libertad, Piñera comunicó su plan para evitar contagios en reos adultos mayores. Tampoco se indicó cómo "se fortalecerán las medidas de higiene" en el transporte público.

Chile limita al norte con el desierto mas seco del mundo, al sur con el polo, al oeste con el océano mas vasto y al oeste con la Cordillera de Los Andes. Lo mas fácil frente a la crisis era decretar cierre de fronteras, países donde la medida es muy difícil de aplicar lo hicieron y Chile, con toda nuestra facilidad geográfica, recién lo hará este miércoles. Lo básico era el control firme de accesos internacionales, pero esto no se realizó en el tiempo oportuno, dejando un manto de dudas respecto a la operatividad del gobierno, e incluso sospechas de que se le quiera sacar ganancias políticas a esta crisis, fomentando el contagio y la desmovilización en las calles que tantos dolores de cabeza ha causado a Piñera. Ante estos antecedentes la torpeza gobernante no es inoperancia, sino que podría ser derechamente perversidad. Priorizan la defensa de sus intereses económicos, ideológicos y políticos, en desmedro o a costa de la salud de la población

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La realidad de estos últimos meses en el país es que tenemos una autoridad de gobierno absolutamente deslegitimada e incapaz de liderar una situación de crisis, por lo que la ciudadania organizada está poniendo sobre la palestra las medidas necesarias y obligue a un gobierno inepto a llevar a cabo las acciones oportunas. Estamos ante una crisis real, amplificada por una autoridad política errática, que ademas esta en bancarrota en cuanto a legitimidad, con medidas tardías típicas de la mirada empresarial que está viendo primero el factor económico y no la salud de la población. Tuvieron que ser los municipios quienes tomaran el paso de suspender las clases, ante un gobierno incapaz.

Y mientras el gobierno tuvo que ceder y cambiar su postura inicial aceptando que los niños y niñas deban quedarse en sus casas, desde la CPC (agrupación de grandes empresarios), su nuevo presidente Juan Sutil asegura que deben seguir las actividades laborales para mantener la maquinaria del capitalismo a costa de la propia vida de la población (nuevamente). ¿Acaso los niños y niñas sin clases no necesitan un adulto en su hogar?, o más profundo, ¿será que un lugar de trabajo no existe la posibilidad de contagio?. La lógica perversa de este sistema económico, donde redujimos cada aspecto a las salvajes leyes de la oferta y la demanda, también ha permitido que los precios de algunos elementos como alcohol gel, mascarillas, cloro, entre otros, hayan subido increíblemente sus precios. Es urgente realizar una fijación de precios en muchos de estos elementos, así como han realizado gran cantidad de países, como medida base de asegurar el abastecimiento de la población y así asegurar la salud de todos y de todas.

Como pueblo y sociedad civil tenemos que tener respuesta ante la situación, pero nuestra respuesta debe ser politizada y responsable. El movimiento social podría dejar momentáneamente la calle, ejercitando la creatividad a través de nuevos modos de protesta que vayan a tono con el actual contexto de crisis sanitaria. Y también volver a la vieja, pero olvidada práctica de resistencia del movimiento obrero en un país con un sindicalismo tan débil como Chile: emplazar a los trabajadores y trabajadoras a paralizar las actividades productivas, parar las faenas y hacer efectiva una huelga general en todo el país.

La paralización de los y las trabajadoras del país, por un lado presionaría al gobierno y los empresarios, y por otro sería tremendamente responsable al mantener a la masa trabajadora en sus hogares evitando un contagio masivo, situación que a toda costa debe evitarse según todos los expertos para no colapsar el débil y mercantilizado sistema de salud chileno y evitar la multiplicación de víctimas fatales. La crisis no puede significar bajo ningún motivo que la movilización que lleva el pueblo chileno se termine, es el momento para practicar nuevas estrategias y aumentar la creatividad en las formas y métodos de protesta.

Las potenciales repercusiones de la transmisión del coronavirus en Chile están determinadas por una estructura normativa que no garantiza derechos, al contrario, impone la carencia y la injusticia como padecimiento crónico, por una institucionalidad pública deficitaria, destruida en virtud del sistema subsidiario y una clase política ya acostumbrada a mentir, demostrando su desprecio por quienes dicen representar. Pero además será vital para sortear esta crisis la respuesta organizada de la sociedad chilena ante la inoperancia de la clase política y empresarial. Sin duda una respuesta popular es necesaria y urgente ante la crisis sanitaria y política que vive el país en estos momentos.

Resumen.cl - Editorial
16 de marzo de 2020

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