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- Chile:
Estudio de las corrientes

23 de Julio de 2021

Estudio desmiente informe de gobierno de Bachelet que aseguró que vertimiento de salmones de 2016 no influyó en la marea roja de Chiloé



El Ministerio de Economía encargó un informe que concluyó que las 4.700 toneladas de salmones muertos arrojados al mar no tuvo incidencia en el desastre que implicó millones de especies muertas y 30 mil pescadores cesantes. Sin embargo, científicos franceses y chilenos concluyeron que esto pudo perfectamente potenciar la catástrofe.

Por Diego Ortiz - INTERFERENCIA

En mayo de 2016 miles de aves, peces, mariscos y otros animales marinos muertos llenaron la costa de Chiloé. Un brote de marea roja causaba estragos, dejando a 30 mil pescadores y trabajadores relacionados a la industria sin sustento. La presidenta Michelle Bachelet, en ese entonces, decretó zona de catástrofe; con los habitantes tomándose ciudades a modo de protesta por un desastre socioambiental sin precedentes.

Semanas antes de la catástrofe, Sernapesca, sin ningún estudio de impacto ambiental de por medio, autorizó el vertimiento de 4.700 toneladas de salmones muertos a 130 kilómetros de Chiloé. Muchos habitantes de la isla asociaron ambos hechos.

Ante una ciudadanía indignada, el Ministerio de Economía convocó una comitiva de científicos para determinar las causas de la marea roja. La Comisión Marea Roja determinó que los salmones muertos fueron alejados de Chiloé por las corrientes, descartando cualquier relación con el episodio agudo de marea roja.

Sin embargo, cinco a{os después, un estudio elaborado por físicos y oceanógrafos franceses y chilenos asegura lo contrario: “Nuestro análisis muestra sistemáticamente que el vertimiento bien podría haber jugado un papel potenciador para la marea roja”. (Revise acá el estudio en inglés).

Este remolino no fue detectado por la comisión, ya que sólo analizaron corrientes geostróficas durante los siete primeros días de un proceso de vertimiento que duró 15 días. Una decisión metodológica a lo menos polémica, considerando que fueron estudiados más de diez meses de corrientes de viento para su informe.

Publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, el estudio utiliza el análisis satelital de corrientes geostróficas y de vientos en el lugar durante tres meses para así modelar el transporte de las mortalidades. La investigación devela la aparición de un “remolino” a pocos días de finalizados los vertimientos, el cual podría haber empujado los restos tóxicos de salmón hacia el sur, es decir, hacia la costa chilota.

Este remolino no fue detectado por la comisión levantada por el gobierno de Bachelet, ya que sólo analizaron las corrientes geostróficas durante los siete primeros días de un proceso de vertimiento que duró 15 días. Una decisión metodológica a lo menos polémica, considerando que fueron estudiados más de diez meses de corrientes de viento para su informe. La Comisión analizó sólo el periodo del 13 al 20 de marzo, cuando los vertimientos tuvieron lugar entre el 11 y el 26 de aquel mes.


Análisis de corriente geostrófica de la comisión solicitada por gobierno, tomando sólo 7 días

Contrario al estudio publicado en Marine Pollution Bulletin, el informe final de la Comisión Marea Roja indica que “es altamente probable que la circulación dominante durante marzo y comienzos de abril 2016 haya transportado el material vertido hacia el oeste y norte-noroeste, y no de regreso a la costa de Chiloé”.

El escrito fue elaborado por los científicos Alejandro Buschmann (Universidad de Los Lagos); Laura Farías (Universidad de Concepción); Fabián Tapia (Universidad de Concepción); Daniela Varela (Universidad de Los Lagos); y Mónica Vásquez (Universidad Católica), luego de tomar muestras a bordo de un buque de la Armada a dos meses de realizados los vertimientos. (Revise acá el informe solicitado por el gobierno).

INTERFERENCIA contactó a uno de los autores del informe de la Comisión Marea Roja para consultar por la decisión de analizar las corrientes geostróficas sólo durante siete días. Luego de asegurar que no tuvo participación en el análisis de aquellas corrientes, indicó que “no quiero salir en ningún reportaje”.

El estudio utiliza el análisis satelital de corrientes geostróficas y de vientos en el lugar durante tres meses para así modelar el transporte de las mortalidades y devela la aparición de un “remolino” a pocos días de finalizados los vertimientos, el cual podría haber empujado los restos tóxicos de salmón hacia la costa chilota.

Con el mismo fin de consultar sobre las diferencias metodológicas entre el estudio franco-chileno y el informe ordenado por el gobierno de Bachelet, se tomó contacto con el ex ministro de Economía en aquel entonces, Luis Felipe Céspedes (DC), quien declinó referirse al respecto.

Desde Greenpeace, en tanto, Estefanía González, Coordinadora de Óceanos de la entidad, aseguró que tanto el vertimiento como el informe carecían de información relevante. Cabe recordar que la organización ambiental, durante la crisis socioambiental de Chiloé, realizó estudios en la zona antes de que Economía solicitara la presencia de la comitiva científica. (Revise acá el informe de Greenpeace sobre marea roja el 2016).

"Tenemos que recordar que no se vertieron salmones: era una masa completamente tóxica que estaba tratada químicamente, y donde jamás se transparentó su composición física y química", explicó, agregando también que desde Greenpeace nunca encontraron "la evidencia científica dentro del informe que pudiese descartar tanto el impacto de tanto el vertimiento como la contaminación sistemática de la acuicultura en la zona para la crisis de marea roja".

Respecto al estudio de corrientes geostróficas solamente durante 7 de 12 días de vertimiento por parte de la Comisión Marea Roja, González afirmó que "es una omisión deliberada", siendo el estudio "poco riguroso y poco serio en el sentido de poder abordar de manera integral los resultados".

Quienes también respondieron a las consultas de esta redacción fueron el doctor en física, Julien Armijo y los doctores en oceanografía física, Vera Oerder y Pierre-Amaël Auger; quienes junto al oceanógrafo Ernesto Molina y la científica magister en recursos renovables, Ángela Bravo, elaboraron el estudio que desmiente el informe de la comisión convocada por el gobierno de Bachelet.

La cronología de los hechos, según el estudio científico franco-chileno

La crisis de marea roja el 2016 en el sur de Chile: Posible influencia del vertimiento masivo de salmones muertos, así se titula el estudio elaborado por los científicos, y comienza haciendo una cronología de los eventos que desencadenaron en la muerte de miles de especies marinas y gatillarin la mayor crisis social y ambiental en la historia de Chiloé.

Todo comenzó entre enero y marzo de 2016, con la floración de la microalga tóxica Alexandrium catenella, provocando mortalidades de moluscos en la región de Aysén. El hecho fue seguido por una segunda oleada, esta vez de la especie Pseudochattonella verruculosa, provocando una “marea café”, la cual tuvo aparentemente consecuencias nefastas para la industria salmonera en la zona.

Todo partió con un evento climático que provocó la muerte de salmones equivalentes a 40.000 tonaledas en Aysén, cuyas pérdidas se estiman US$800 millones, la más grande de la industria a nivel mundial.

A raíz de ambos fenómenos, gatillados por una combinación de la corriente de El Niño y la crisis climática, murieron salmones equivalentes a 40 mil toneladas en plantas acuicultoras cercanas a Chiloé. El evento, según otro estudio publicado por científicos chilenos y del mundo, titulado Desenredando los procesos ambientales responsables de la mayor floración de algas nocivas que matan peces de cultivo en el mundo: Chile, 2016, sitúa el evento como el más costoso para la industria en la historia, provocando pérdidas de US$800 millones.

La magnitud de la crisis y la poca preparación de la industria ante eventos como este llevó a que dos empresas terminaran manteniendo en sus jaulas por más de 20 días a más de 5.600 toneladas de salmón podrido, violando los permisos para estos casos. La Superintendencia de Medio Ambiente terminó multando a las empresas responsables, Salmones Maullín (4.500 toneladas) y Australis Mar (1.700 toneladas).

Superados por la crisis, desde el gremio salmonero SalmonChile solicitaron el día 3 de marzo verter 9.000 toneladas de pescado muerto en descomposición a 139 kilómetros del límite noroeste de Chiloé. La solicitud fue aceptada en tiempo récord: un día después, el 4 de marzo, Sernapesca accedió a la solicitud, sin realizar ningún tipo de estudio de impacto ambiental.


Residuos de los vertimientos. Fuente: informe de la Armada de Chile

Según se explica en el estudio, la decisión de acceder al vertimiento sin realizar ningún estudio o medición resultó en una condena de la Corte Suprema por el manejo del desastre ambiental.

En la causa rol 34.594-2017, la Suprema decidió acoger un recurso presentado por los presidentes del Sindicato de Trabajadores Independientes, Pescadores Artesanales, Buzos Mariscadores, Ayudantes y ramos similares; de la Agrupación de Pescadores El Golfete de Quetalmahue; y de la Agrupación de Pescadores y Recolectores de Orilla y Ramas similares; contra Sernapesca, la Dirección del Territorio Marítimo y Marina Mercante se la Secretaría Regional Ministerial de Salud de Los Lagos, la Superintendencia del Medioambiente y del Ministerio del Medioambiente. Condenó a los servicios a llevar a cabo en el plazo de dos meses una serie de procedimientos destinados a proteger la salud de la población y los daños al medioambiente.

El vertimiento llegaría una semana después de la luz verde entregada por Sernapesca. Desde el 11 al 26 de marzo, 7 botes durante 11 viajes realizaron la descarga de 4.700 toneladas de salmón en descomposición.


Barcos vertiendo salmones muertos en descomposición. Fuente: Armada de Chile

Días después del fin de los vertimientos, a principios y mediados de abril de 2016, llegó la segunda ola de marea roja; totalizando tres eventos de floración masiva de microalgas tóxicas (dos mareas rojas y una café). Desde la segunda quincena de abril y durante mayo, miles de pájaros, picorocos, mejillones, almejas, peces y otros animales marinos muertos repletaron las costas chilotas.

Los pescadores cifraron en 31 mil personas afectadas por la marea roja, perdiendo su principal sustento. La falta de recursos y la sospecha de que la industria salmonera había “envenenado el mar” detonó masivas protestas y enfrentamientos con la policía en el archipiélago, provocando el cierre de los accesos a Chiloé durante 17 días.

Es bajo este contexto que el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, solicitó a la Academia Nacional de Ciencia convocar una comisión que explicara las causas de la marea roja. En noviembre, la Comisión Marea Roja entregó su informe final; concluyendo que los salmones muertos en descomposición se habrían movido hacia el norte y fuera de la isla.

El estudio de Armijo, Oerder, Auger, Bravo y Molina –que a diferencia del informe solicitado por el Ministerio, sí fue sujeto a correcciones y evaluaciones científicas, siendo publicado en una revista– concluye lo contrario.

“Las corrientes cercanas a la superficie podrían haber alimentado la floración”

“Nosotros encontramos que un giro ciclónico estaba presente entre el sitio de descarga y la costa, visible en la altimetría satelital y datos de temperatura de la superficie del mar. Usando simulaciones […], confirmamos que las corrientes cercanas a la superficie podrían haber traído parte de la contaminación a la costa y alimentado la floración”, reza el abstract del estudio científico franco-chileno.

INTERFERENCIA contactó a Julien Armijo, doctor en física y autor del estudio, para consultarle sobre sus hallazgos y por las diferencias entre su estudio y el informe elaborado para el gobierno chileno.

Uno de los principales descubrimientos de la investigación fue la aparición de un “remolino” a pocos días de terminados los vertimientos, el cuál podría haber transportado los desechos de salmón podrido hacia la costa de Chiloé. “Este patrón de remolino no está presente en el análisis de vientos”, estudiado por un periodo de diez meses por la Comisión Marea Roja, “pero sí está presente en el patrón geostrófico”, el cual fue medido sólo entre el 13 y el 20 de marzo por la comitiva solicitada por el ministro Céspedes. Julien Armijo y su equipo estudiaron la corriente geostrófica por tres meses, incluyendo todo el periodo de vertimiento.


En el círculo rojo, el remolino detectado por los científicos franceses y chilenos

Además, Armijo explica que el patrón también es visible “en la observación de temperatura supercifical y el modelo Mercator que hemos usado para nuestras simulaciones”.

“Lo que es muy interesante sobre las temperaturas, es que se observa muy claramente el patrón de corriente desde mar afuera hacia la costa a principios y mitad de marzo, pero, a partir de fines de marzo, ese patrón tipico de ‘upwelling’ empieza a relajar muy claramente”, lo que, en palabras del científico franco chileno, significa que estamos viendo, en directo, como el agua superficial cerca de la zona de vertimiento es arrojada hacia la costa, siguiendo el patrón del remolino geostrófico.

A su juicio, esto representa una evidencia “muy fuerte que confirma la preeminencia” de este remolino que habría enviado los restos hacia Chiloé.

Por último, el científico describe la aparición de una mancha de amonio frente a la costa de Cucao, Chiloé, la cual fue detectada y publicada por la propia Comisión Marea Roja. “Resulta que el amonio es el producto de la descomposición obligatoria del nitrógeno de la materia orgánica”, entonces “un foco de amonio grande como ese necesariamente indica que viene de materia orgánica en descomposición, fresca”, explica.


Mancha de amonio detectada y no explicada por la Comisión Marea Roja

La comisión solicitada por el gobierno, según Julien Armijo, no propuso ninguna explicación para aquella mancha.

INTERFERENCIA también contactó a los doctores en oceanografía física, patrones de corrientes y modelamiento, Vera Oerder y Pierre-Amaël Auger; coautores del estudio, para preguntar específicamente por una aseveración publicada en el estudio de la comisión.

Además del remolino, los científicos encontraron una mancha de amonio frente a la costa de Cucao, el cual "necesariamente indica que viene de materia orgánica en descomposición", según dice uno de los autores del estudio.

“El transporte de agua superficial hacia mar abierto genera una caída en el nivel del mar cerca de la costa, lo cual es detectado por altímetros satelitales y utilizado para calcular la dirección y velocidad de corrientes conocidas como ‘geostróficas’, de menor intensidad que las forzadas por la acción directa del viento, y orientadas en la misma dirección del viento (i.e. hacia el norte)”, se explica en la página 18 del informe final de la comisión.

Consultado por este párrafo, donde se asegura que la corriente geostrófica es de menor intensidad que las del viento (justamente las que sí estudió en profundidad la comisión), Auger indicó que éstas efectivamente pueden ser más intensas, pero resultan mucho más variables que las geostróficas, las cuales son más consistentes.

Armijo complementa esto y agrega que, incluso, durante un periodo, precisamente cuando se comienza a formar el remolino, el patrón del viento apuntó fuertemente hacia la isla, coincidiendo ambas corrientes.


Vectores de viento. Entre líneas rojas, las fechas de vertimiento. En círculo negro, los días posteriores al vertimiento, donde se da cuenta de un cambio en la orientación del viento

Oerder, por su parte, agregó que la aseveración del informe de Bachelet no es cierta, argumentando lo mismo que su colega: las corrientes de viento son variables.

Sea cual sea el caso, el estudio de Armijo, Oerder, Auger, Bravo y Molina no es tajante, concluyendo que probablemente los residuos fueron transportados hacia la costa, potenciando la marea roja, pero no asegurándolo.

Esto último dada a la ausencia de datos disponibles y la falta de mediciones por parte de las autoridades fiscalizadoras chilenas, algo en lo que concuerda el experto en la materia, el doctor Tarsicio Antezana.

"No se puede ser tajante como para excluir otros efectos" del vertimiento, comenta Tarsicio Antezana. "Es demasiado poco riguroso, habiendo hecho un crucero después de dos meses, con ausencia total de experimentación a bordo"

“No pueden excluir que eutroficación relacionada con la salmonicultura no extienda, expanda o intensifique las mareas rojas”

Antezana es biólogo marino de la Universidad de Chile y doctor en oceanografía de la Universidad de California, Estados Unidos. Es también presidente de la Asociación para la Defensa del Ambiente y la Cultura de Chiloé, por lo que conoce bien los sucesos relacionados al desastre socioambiental del 2016.

"No se puede ser tajante como para excluir otros efectos" del vertimiento, comenta Tarsicio Antezana. "Es demasiado poco riguroso, habiendo hecho un crucero después de dos meses, con ausencia total de experimentación a bordo", por lo que "no pueden excluir que la eutorficación relacionada con la salmonicultura no extienda, expanda o intensifique las mareas rojas".

Además, el biólogo y presidente de la ADAC explica que tampoco se puede presumir que los restos de salmones "quedaron solamente en la superficie", ya que no se conoce "la composición ni la densidad como para asegurar que no se hundieron". Con esto, Antezana apunta a que los salmones vertidos pueden haber sido trasladados por corrientes subacuáticas, algo en que ni el informe de la comisión ni el estudio de Julien -por ausencia de datos- se adentraron.

Antezana considera que "la rigurosidad no está en las conclusiones que emanan de la comisión y ha sido un problema difícil de resolver, porque había mucha presión política y social para pronunciarse sobre aquello".

"Antes de que publicaran el infrome, les dije [a los miembros de la Comisión Marea Roja] que consideraran que hay corrientes subsuperficiales, que hay evidencia de corrientes que van hacia el sur", comenta. Antezana relata que hizo clases a algunos de los autores del informe, "varios de ellos científicos de muy buen talante y alta rigurosidad, pero tener la audacia de enfrentarse en un crucero de 5 días, dos meses después, para abordar estas preguntas...". El biólogo marino se da un segundo para retomar la conversación.

Respecto a la decisión metodológica de la comitiva del gobierno de sólo estudiar 7 días de corrientes geostróficas, el doctor en oceanografía lo consideró cuestionable. "Como le ha llamado la atención a usted, me llamó también la atención a mí. Había una inconsistencia, ya que el impacto del vertimiento donde se supone que se hizo no es instantáneo en siete días, y las velocidades calculadas no pueden excluir que otras velocidades, en otras direcciones, pueden haber transportado estas partículas", explica.

Antezana considera que "la rigurosidad no está en las conclusiones que emanan de la comisión y ha sido un problema difícil de resolver, porque había mucha presión política y social para pronunciarse sobre aquello".

Adjuntos:


https://interferencia.cl/articulos/estudio-desmiente-informe-de-gobierno-de-bachelet-que-aseguro-que-vertimiento-de-salmones

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