- Chile:06 de Marzo de 2026
Brigadista de Conaf revela “incendios controlados” para limpieza de predios y generación de horas extras en plena crisis del fuego en el Biobío

En esta entrevista, un brigadista de la Conaf describe cómo operan dentro de la institución grupos que provocan incendios para obtener beneficios. Afirma que, a veces, se trata de favores pagados por dueños de terrenos y, en otras ocasiones, de siniestros iniciados para acumular horas extras. Según su testimonio, en ese mecanismo participan incluso jefes de brigada.
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Gustavo Villarrubia - Reportea.cl
Imágenes por Gustavo Villarrubia
La temporada 2025–2026 de incendios forestales en la Región del Biobío aún no termina y ya acumula cifras alarmantes: 21 personas han perdido la vida en medio de miles de hectáreas arrasadas que dejan una estela de destrucción y damnificados que vuelven a marcar el verano en el sur del país. En sectores rurales y de interfaz urbano-forestal, los más de mil focos de incendio y el avance del fuego han tensionado al máximo la capacidad operativa de los brigadistas que combaten los incendios en jornadas que se extienden por horas bajo condiciones meteorológicas adversas.
Cuando aún los focos de incendio amenazan la región, un brigadista de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) con seis años de experiencia en el combate de incendios, decidió contar bajo estricta protección de su identidad lo que ha recogido en estos años sobre un tema tan candente como el fuego: el origen de los incendios. En esta entrevista, el brigadista revela la existencia de incendios provocados para favorecer a propietarios de predios que buscarían limpiar terrenos mediante fuego controlado que luego se reporta como los llamados “R-20”. Y añade una segunda motivación: incendios intencionales de densidad controlada para la generación deliberada de horas extraordinarias para algunos brigadistas.
“Aurelio” —así lo llamaremos— afirma que sabe de la existencia de acuerdos previos, finiquitados a través de mensajes en clave y de cálculos basados en la magnitud esperada del foco del incendio que provocan —medida por la “columna de convección”—, lo que permitiría anticipar cuántas horas adicionales se trabajarían. De este modo, el incendio no solo cumpliría una función de “limpieza” encubierta en ciertos casos, sino también un incentivo económico para quienes participan en su combate.
La precisión de sus acusaciones las convierte en una denuncia de extrema gravedad. Si la investigación —que de seguro esta entrevista debiera provocar— lo confirma y comprueba, comprometería la integridad de los reportes operativos y el sistema de control interno en una de las temporadas más complejas de incendios de los últimos años. Mientras el fuego continúa activo en distintos puntos del Biobío, este relato abre una interrogante crítica: ¿Existen fallas estructurales en la supervisión que permitan que algunos focos no solo se combatan, sino que también se originen desde dentro?

Población Ríos de Chile, en Lirquén, comuna de Penco, luego del incendio de enero de 2026. Fotografía: Gustavo Villarrubia
Hay un antecedente. En 2024 la Fiscalía de Valparaíso detuvo a siete brigadistas de la Conaf, a quienes acusó de provocar incendios forestales, como el que acabó con la vida de 136 personas y que azotó sectores de Viña del Mar y Quilpué durante el verano de ese año.
El Ministerio Público comprobó que los brigadistas se coordinaban por Whatsapp.
Ahora quien nos habla es un brigadista que trabaja a unos 700 kilómetros al sur, en la Región del Biobío.
-¿Cuál es su función específica al interior de la brigada de combate a los incendios?
Brigadista: Soy motoserrista, con seis temporadas de trabajo continuo.
-En base a esa experiencia, ¿cuál cree usted que es la causa o el origen más común de los incendios?
Brigadista: La mayoría tiene origen humano. Muchos son por negligencia, aunque cada año son menos, por la persecución policial y penal que se ha hecho. Hoy día si haces un incendio sin querer puedes ir preso. Pero los que más daño hacen —y eso sí es muy difícil de parar— son los intencionales.
-¿Por qué dice que son los que más daño hacen?
Brigadista: Porque
quien quiere provocar un incendio dice —o cree— tener sus razones; y lo hace sin medir las consecuencias reales que va a provocar. Hay mucha gente que se mete a quemar, y no sabe el comportamiento del fuego y se les arranca de las manos. Y ahí queda la escoba.
-Si pudiera explicar un poco más sobre lo que afirma: “hay gente que se mete a quemar, pero no sabe el comportamiento del fuego”.
Brigadista: Eso, tan simple como eso: que no cualquiera puede producir un “R-20”, que es la clave con que se da la alerta de un incendio. Cuando avisan de un “R-20”, quiere decir que hay un incendio y ahí los brigadistas salimos de inmediato…. Oiga, dijimos que esto va a salir sin mi nombre, ¿verdad? Ni en qué brigada estoy…
-Si, en eso quedamos. Ese es el compromiso.
Brigadista: Bueno, le cuento, en la zona donde yo trabajo, el jefe de mi brigada es del sector y conoce a muchos propietarios de campos que hacen siembra, o se les acumularon restos de faenas. Entonces le piden al “Alfa”, al jefe, el favor de provocar un “incendio controlado” para limpiar terrenos. A cambio, después nos invitan a una comida o le pasan dinero al jefe de brigada, y nosotros lo gastamos. Pero en este caso, no hay peligro, porque nosotros sabemos hacer fuego, no se nos va a arrancar de las manos.
-¿Y cómo lo hacen? ¿De qué manera provocan ese “incendio controlado”?
Brigadista: Lo que hacemos es ir al lugar, rodear el perímetro, anclarlo y establecer líneas en una zona segura. Luego aplicamos clave 100, que es fuego contra fuego. Cuando vemos que el fuego está controlado, que no hay peligro de arranque ni cruce de pavesas sobre la línea de control, avisamos a la central. Informamos un “R-20” en determinadas coordenadas, siendo que nosotros mismos provocamos el incendio para hacerle el favor al dueño del campo. Después, el dueño nos invita a un asado o a una buena comida. A cambio, le limpiamos el terreno sin que tenga problemas.
– Y en esos casos, ¿qué se declara como origen del fuego?
Brigadista: Se declara origen desconocido o, a veces, como intencional, pero nunca aparece quién lo hace, aunque seamos nosotros. De eso se encarga el “Alfa”.
– ¿Y quién es el “Alfa”?
Brigadista: El “Alfa” es el jefe de brigada. Él se encarga de hacer los informes a la central. Después está el jefe de relevo, que es quién reemplaza al Alfa, cuando este no está. Y el “Bravo”, que es el jefe de cuadrilla.

Camión de la Conaf, utilizado para el combate a los incendios. Fotografía: Gustavo Villarrubia
– ¿Cómo funciona una brigada?
Brigadista: Las brigadas las integran unas nueve personas. Cuando irrumpe un “R-20” y llegamos al incendio, se actúa de la siguiente manera: el jefe de brigada, el “Alfa”, se baja primero. Él reconoce el lugar, evalúa el grado del incendio y planifica. Ve con qué recursos cuenta para combatir el foco, qué recursos va a pedir o cuáles puede cancelar si no son necesarios. Una vez que tiene claro el panorama, le da la indicación al “Bravo”, o al jefe de cuadrilla, y este ejecuta. El “Bravo” es el que da las medidas de seguridad: define la zona segura, la línea y la vía de escape. Eso es lo primero, antes de que los brigadistas entren. Después se marca la línea. El jefe de cuadrilla —o el “Bravo”— la va indicando, y el motoserrista entra primero abriendo el camino. El primero y el segundo van abriendo la línea, y los que vienen detrás ya van raspando y limpiando hasta dejarla en suelo de composición mineral. Hacemos una faja de aproximadamente un metro para que el fuego no cruce.
-Ese es su trabajo, ¿No es así? Me dijo que era motosierrista
Brigadista: Sí, yo trabajo con la motosierra, voy cortando hasta llegar al suelo mineral. Abriendo una línea de control de aproximadamente un metro para que pasen mis compañeros. Voy limpiando por delante, haciendo una faja para guiar al resto, que son los combatientes que vienen detrás. Mi trabajo es ir primero. Trabajo junto al “Bravo”, que es el jefe de cuadrilla y también va en primera línea. El “Alfa” anda por fuera, supervisando y viendo el comportamiento del fuego.
– ¿Y lo que va cortando son árboles quemados?
Brigadista: No, todo lo que limpio lo hago manteniendo un perímetro de distancia. A veces la radiación es muy fuerte y el calor se siente bastante. El “Bravo” y los combatientes están atentos a la dirección del viento y al comportamiento del fuego para cuidarnos. Mi trabajo es ir haciendo un camino. Aprendí que, si hay mucha vegetación delante, puedo voltear un árbol grande en la dirección del avance para que al caer ayude a bajar la vegetación y facilite la línea. Lo tomo, lo volteo en la dirección del camino que estamos haciendo, y el mismo árbol me ayuda a despejar. Pero hay veces que el fuego avanza muy rápido y lo único que nos queda es refugiarnos. Si hay casas, tratamos de protegerlas haciendo líneas de control. Cuando ya no podemos controlar el incendio, nos dedicamos solo a resguardar las viviendas. Mire, si es necesario —y tenemos agua disponible en el carro— se apoya el primer ataque con agua mientras se consolida la línea. Una vez que el fuego está contenido, se hace la liquidación…
-¿Qué significa en el combate a un incendio “hacer la liquidación”?
Brigadista: Apagar los puntos calientes y evitar que queden focos activos que puedan reactivarse. Mire, ahora las brigadas son mixtas, eso quiere decir que los carros llevan agua también. Antes no era así. Antes el trabajo se dividía más, pero ahora nosotros llegamos al primer ataque del fuego y después hacemos la liquidación. Cumplimos con el trabajo que antes hacían dos brigadas.
-Vamos al otro punto del que hablamos: ¿Cómo se ponen de acuerdo para provocar un “incendio controlado”, como lo llama usted?
Brigadista: Se ponen de acuerdo antes de salir de libre o por teléfono, vía WhatsApp u otro sistema de mensajería. A veces mandan un mensaje con algo así:
“Les voy a dar trabajo para que trabajen un poco, cabros”. O lo dicen más en clave. A veces, incluso, escriben directamente “Clave 100”, que significa fuego contra fuego. Muchas veces sabemos que nuestros propios compañeros provocan el fuego, pero todos guardamos silencio.
– ¿Hay jefes de brigada metidos en esto de hacer incendios intencionales para ganar horas extras?
Brigadista: Casi siempre son los mismos combatientes los que se ponen de acuerdo entre ellos. Es más difícil que el “Alfa” esté involucrado.
-¿Y nunca le tocó o supo de un “Alfa” que se entere que el fuego es provocado por gente de su misma brigada?
Brigadista: … Al final uno siempre trabaja con el mismo jefe en todas las temporadas. Con el tiempo se crean confianzas, porque el trabajo es complejo y, si encajas con un jefe, él siempre te pide para su grupo.
-Pero nunca supo, por ejemplo que en otra brigada, no la suya, el jefe, el “Alfa”, se enteró que el fuego es provocado por alguien de su grupo.
Brigadista: No, de eso no. Pero creo que igual deben saberlo. No estoy cien por ciento seguro. Porque entre nosotros, muchas veces tenemos claro cuándo se viene un incendio y a qué hora, porque el comentario circula entre los combatientes.
-¿Cómo lo saben?, ¿Qué dicen? ¿Cuál es el comentario?
Brigadista: Se dicen, cosas como: “
A tal hora hay que estar preparados” o
“Hoy vamos a tener horas extras, cabros”. Incluso se dicen cuántas horas extras se van a hacer. Hoy serán tres horas extras, y son tres; o dos, y son dos.
-¿Y cómo lo saben con tanta exactitud?
Brigadista: Porque eso depende de la magnitud del incendio. Y es la columna de convección la que determina la magnitud. Se habla de un cuarto, dos cuartos, tres cuartos, según el tamaño de la columna. Si es solo un hilo de humo, es de baja magnitud; si la columna es grande, es un incendio grande. Con eso calculamos cuánto tiempo nos va a tomar el trabajo.

Población Ríos de Chile, en Lirquén, comuna de Penco, luego del incendio de enero de 2026. Fotografía: Gustavo Villarrubia
-¿Y cómo provocan el incendio? ¿Se usan acelerantes?
Brigadista: Depende del lugar. Si hay buen combustible, hasta con un fósforo. Pero lo más normal es usar una vela, para que cuando el incendio comience ya quién lo hizo esté lejos.
-¿Me puede explicar con más detalles por favor?
Brigadista: Se usan las velas envueltas en cartón. Con cartón debajo que actúa como base. Se enciende y se deja con suficiente combustible alrededor. La vela se va consumiendo y, en media hora o cuarenta minutos —según la vela—, prende el combustible y genera un foco, un “R-20” y listo.
-¿De ese incendio provocado queda alguna señal que si es bien investigado se pueda constatar que fue deliberado o intencional?
Brigadista: Todo incendio deja un rastro en su origen; siempre queda una marca en el lugar donde empieza. No sé si se puede determinar si es con una vela. Lo que sí sé, porque me lo enseñaron, es reconocer dónde nace el incendio. Siempre tiene una cabeza y una cola. La cabeza es el punto de avance y la cola es donde se inicia. En las investigaciones se puede saber dónde comienza y qué rumbo toma, aunque puede cambiar según la temperatura y el viento. Eso lo va viendo el “Alfa” para guiar al resto.
– ¿Y nunca se les escapa de control uno de esos “incendios provocados”?
Brigadista: Sí, una vez nos pasó. Tuvimos que pedir apoyo. Era la una de la mañana y todavía estábamos trabajando; y habíamos empezado a las once de la mañana. Cuando llegó la brigada de apoyo, el frente de avance ya tenía cinco kilómetros. Llegaron aeronaves y combatieron hasta antes de que oscurezca. Se descontroló por el viento, las pavesas y la cantidad de combustible, que fue generando focos secundarios y terminó en un mega incendio.
-¿Y dónde ocurrió ese mega incendio?
Brigadista: Si le digo eso, se va a saber quién soy y de qué brigada… No se lo puedo decir.
| Este reportaje forma parte de una investigación liderada por el periodista Gustavo Villarrubia sobre los incendios en el centro sur del país. |
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