- Chile:14 de Mayo de 2026
Chile necesita una regulación rigurosa frente al avance de los cultivos editados genéticamente y sus riesgos para el patrimonio agrícola y alimentario

El debate sobre las Nuevas Técnicas Genéticas (NTG) y los cultivos editados genéticamente ha dejado de ser una discusión exclusivamente científica o tecnológica. Hoy constituye un debate político, económico y ético de alcance global, que interpela directamente los modelos agrícolas, la soberanía alimentaria y la capacidad de los Estados para proteger el patrimonio genético, la biodiversidad y la salud pública frente al avance de tecnologías impulsadas por grandes corporaciones biotecnológicas.
Por
María Elena Rozas, coordinadora nacional de RAP-Chile.
Chile no está aislado de esta controversia. Mientras el país discute un nuevo marco regulatorio para las NTG, distintos actores internacionales han comenzado a advertir sobre los riesgos de avanzar hacia esquemas de desregulación que reduzcan los estándares de control, trazabilidad y evaluación independiente. En la Unión Europea, productores, comercializadores y consumidores de productos ecológicos han manifestado recientemente una profunda preocupación por el intenso lobby ejercido por corporaciones transnacionales para lograr la desregulación total de los cultivos editados genéticamente.
Una amplia alianza integrada por empresas y organizaciones históricas del sector ecológico y biodinámico europeo —entre ellas la Federación Biodinámica Demeter International, EcorNaturaSì de Italia, dm-drogerie markt de Alemania y Odin de Países Bajos— junto a más de 350 actores de toda la cadena alimentaria, denunció que la flexibilización normativa de los organismos modificados genéticamente debilita la transparencia de los mercados alimentarios y pone en riesgo los sistemas de producción sustentable. Estas organizaciones han exigido al Parlamento Europeo establecer requisitos mínimos irrenunciables: trazabilidad en toda la cadena de valor, etiquetado obligatorio desde el origen hasta el producto final y protección frente a las patentes sobre plantas y semillas.
Las preocupaciones internacionales abarcan tanto el riesgo de contaminación genética como las consecuencias del modelo agrícola asociado a estos cultivos, basado en monocultivos extensivos dependientes de plaguicidas altamente peligrosos. Los cultivos editados genéticamente forman parte de sistemas productivos intensivos que requieren el uso masivo de herbicidas, entre ellos el glifosato, clasificado como probable cancerígeno por organismos internacionales especializados. La experiencia internacional demuestra que estos modelos generan rápidamente resistencia de malezas, lo que incrementa progresivamente la aplicación de herbicidas y profundiza un ciclo de contaminación de suelos, aguas y ecosistemas, además de daños agudos y crónicos a la salud humana, animal y a la biodiversidad.
En este contexto, resultan preocupantes las recientes declaraciones de ChileBio publicadas en medios regionales, donde se sostiene que las organizaciones socioambientales mantenemos una “confusión conceptual persistente” respecto de la biotecnología moderna. Tal afirmación no solo es incorrecta, sino que además desvía el debate central: la insuficiencia del marco regulatorio propuesto y los riesgos asociados a los cultivos editados genéticamente.
Desde la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de Chile (RAP-Chile), junto a organizaciones de consumidores, agricultores tradicionales y agroecológicos, y movimientos socioambientales, hemos sido claros y consistentes al referirnos específicamente a cultivos editados genéticamente (editados-GM) y no a cultivos transgénicos. No existe aquí una confusión semántica; el problema es político, científico y regulatorio.
La principal preocupación radica en el actual proyecto de regulación de las NTG, el cual consideramos débil e insuficiente. El mecanismo propuesto busca clasificar organismos según sean o no considerados transgénicos mediante procedimientos rápidos, de bajo costo y sustentados principalmente en información proporcionada por las propias empresas desarrolladoras, sin mecanismos sólidos de verificación independiente. En la práctica, esto implica minimizar riesgos potenciales y omitir evaluaciones exhaustivas, como la secuenciación de lectura larga del genoma completo, indispensable para detectar alteraciones no deseadas.
Es cierto que herramientas de edición genética como CRISPR/Cas9 no implican necesariamente la inserción deliberada de ADN proveniente de especies distintas. Sin embargo, ello no significa que sean tecnologías exentas de riesgos. Por el contrario, existe evidencia científica que demuestra limitaciones importantes en su precisión. Diversos estudios han detectado mutaciones no previstas, deleciones, reordenamientos e incluso inserciones accidentales de material genético. Estas alteraciones pueden permanecer en el organismo editado, heredarse y eventualmente provocar efectos negativos sobre la salud humana, la agricultura y la biodiversidad.
Frente a esta complejidad,
resulta especialmente problemático que actores vinculados a la industria intenten reducir el debate científico a cálculos simplificados de riesgo inferiores al 1%, sin considerar la incertidumbre biológica involucrada ni las limitaciones actuales del conocimiento científico. Las empresas biotecnológicas, cuyo interés principal está asociado al rendimiento económico, la propiedad intelectual y la expansión de mercados, no pueden ser consideradas actores imparciales para evaluar los riesgos de sus propias tecnologías.
Una regulación laxa de los cultivos editados-GM tampoco permitirá prevenir adecuadamente la contaminación genética de cultivos tradicionales y agroecológicos ni proteger el acervo genético agrícola. La transferencia involuntaria de material genético hacia organismos no modificados puede generar impactos ecológicos significativos y abrir conflictos legales asociados a patentes y derechos de propiedad intelectual, afectando particularmente a pequeños agricultores y productores de semillas tradicionales.
A ello se suma el riesgo de erosión genética: la pérdida progresiva e irreversible de diversidad genética en especies cultivadas. La expansión de monocultivos genéticamente uniformes, característica estructural de este modelo biotecnológico, amenaza las variedades locales y debilita la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a crisis climáticas, sanitarias y alimentarias cada vez más frecuentes.
La historia reciente demuestra que no es nuevo que sectores empresariales minimicen advertencias científicas sobre efectos no deseados de determinadas tecnologías agrícolas. Sin embargo, frente a la evidencia acumulada y la magnitud de las posibles consecuencias, la preocupación expresada por agricultores, consumidores y organizaciones sociales es legítima y constituye una exigencia democrática básica.
El debate sobre los cultivos editados genéticamente no puede reducirse a una discusión técnica limitada a laboratorios o intereses corporativos. Se trata de definir qué modelo agrícola y alimentario queremos construir y bajo qué principios se regula una tecnología capaz de alterar profundamente las bases biológicas de la producción de alimentos. Por ello,
Chile necesita una regulación rigurosa, transparente e independiente, que priorice efectivamente la protección de la biodiversidad, la salud pública, el patrimonio agrícola y la soberanía alimentaria por sobre los intereses económicos de corto plazo.
María Elena Rozas, coordinadora nacional de RAP-Chile.
Fuente:
https://radio.uchile.cl/2026/05/14/chile-necesita-una-regulacion-rigurosa-frente-al-avance-de-los-cultivos-editados-geneticamente-y-sus-riesgos-para-el-patrimonio-agricola-y-alimentario/155
