- Chile:30 de Septiembre de 2026
La región de Ñuble está en alerta de cordillera a mar: En defensa de nuestra biodiversidad, nuestra gente y nuestros territorios

Desde las cumbres cordilleranas de San Fabián y Pinto, donde laten nuestros bosques nativos y las aguas puras que alimentan la vida; atravesando los fértiles valles del Diguillín y las colinas históricas del Itata, hasta llegar a los majestuosos acantilados y costas de Cobquecura. Las comunidades y organizaciones de la Región de Ñuble nos levantamos y nos declaramos en estado de alerta permanente.
Por: Ñuble Libre, Somos Diguillín y Cobquecura Sin Mineras
Imagen: Marcha regional por la Biodiversidad de Ñuble, 25 de septiembre de 2026 en Chillán. Foto: Matías Humano
Nos une el amor profundo por esta tierra que habitamos. Nos une el orgullo por nuestra historia agrícola, la fuerza de nuestras tradiciones campesinas y la riqueza incalculable de hombres y mujeres que, día a día, cultivan los campos, cuidan la montaña, trabajan el mar y sostienen el alma de la región. Nos convoca la urgencia de proteger lo más sagrado que tenemos: la belleza de nuestros paisajes, la salud de nuestras familias y la biodiversidad que nos da la vida.
Hoy nos enfrentamos al avance desmedido de un falso "progreso" extractivista e industrial. Un modelo que busca mercantilizar la poca agua que nos queda, degradar nuestros suelos y fragmentar el tejido social de nuestras comunidades. Lo que desde los escritorios centrales de Santiago nos venden como "desarrollo", no es más que la imposición de un maldesarrollo que condena a los territorios rurales al sacrificio, a la enfermedad y a la desigualdad. Esta presión no es casualidad. Responde a alineamientos geopolíticos y decisiones del Gobierno central enfocados en la explotación masiva de minerales y tierras raras, sumado a un preocupante recorte presupuestario de $8.000 millones en los fondos de inversión regional. Mientras en la capital toman las decisiones, en Ñuble sufrimos la amenaza de la devastación de oriente a poniente.
Nuestro recorrido de denuncia y resistencia empieza arriba, en la cuna de los ríos y de la cultura arriera: En San Fabián y Coihueco, el Megaproyecto Embalse Punilla pretende levantar un muro de 136 metros de altura e inundar 1.700 hectáreas de territorio cordillerano. Financiado con más de US$ 400 millones de platas públicas, este proyecto no busca la seguridad de la gente, sino abastecer a grandes agroindustriales privados. ¿A qué costo? A costa de la expulsión forzada de familias arrieras y campesinas, de la pérdida irreversible de patrimonios como la Laguna Chacayal, Puente Inglés y La Punilla, de la asfixia del turismo de naturaleza y del impacto fatal sobre el hábitat del huemul en plena Reserva de la Biosfera.
Más al sur, en el Valle del Diguillín (El Carmen, San Ignacio y Pinto), el Embalse Zapallar copia la misma lógica despojadora. Con casi US$ 350 millones de fondos públicos, inundará 300 hectáreas, amenazando con ahogar la agricultura familiar campesina, destruir el bosque nativo, secar esteros y napas subterráneas, y sepultar la historia y el turismo rural de nuestras comunidades.
Al bajar hacia el Valle del Itata y el secano interior, llegamos a la tierra de la tradición vitivinícola y campesina más antigua del país. Sin embargo, este patrimonio vivo enfrenta la llegada sin control de un "tsunami eólico" y megaproyectos de alta tensión como la Línea Itahue–Hualqui (2x220 kV) y la Subestación Las Delicias.
Con inversiones multimillonarias pensadas únicamente para exportar energía a los grandes centros industriales y a Santiago, comunas como Quirihue, Trehuaco, Coelemu, Portezuelo, Ninhue y Ránquil pagarán el precio. Se fragmentan los corredores biológicos, se pierden suelos agrícolas fértiles y se expone la vida y la salud de la población a un riesgo incalculable ante incendios forestales, al imposibilitarse el combate aéreo en zonas saturadas por torres y aerogeneradores.

Marcha regional por la Biodiversidad de Ñuble, 25 de septiembre de 2026 en Chillán. Foto: Zarigüeya
Al llegar al Océano Pacífico, nos encontramos con la riqueza pesquera, los santuarios naturales y la identidad turística y recolectora de Cobquecura y la franja costera. Hoy, este territorio está acorralado por más de 71 concesiones mineras que suman más de 18.000 hectáreas para la extracción de minería de tierras raras a manos de firmas como NeoRe, junto a proyectos de desalinizadoras e infraestructura industrial. Mediante perforaciones profundas y el uso de químicos, pretenden destruir la capa vegetal, contaminar las napas subterráneas de las que bebemos y deteriorar la salud y tranquilidad de nuestras comunidades con el paso de maquinaria pesada.
Esto no solo afecta a Cobquecura sino también a Quirihue, Coelemu, Portezuelo, Raquil, Trehuaco, Ninhue y Quillón, sumando miles y miles de hectáreas. Frente a esta embestida que va de Cordillera a Mar, desde las bases le decimos fuerte y claro a Chile: ¡El verdadero desarrollo no se inunda, no se expropia y no se contamina! El crecimiento con dignidad se construye respetando la salud de las personas, protegiendo la biodiversidad, defendiendo a la agricultura familiar campesina, la pesca artesanal, las tradiciones de la cordillera y la belleza natural que sostiene el turismo de nuestra región. Exigimos la paralización de los megaembalses en San Fabián y Diguillín, que el secano y la costa no se transforme en polo de minería de tierras raras, y el fin a la saturación energética que destruye nuestro patrimonio biocultural.
¡Por la defensa integral de nuestra biodiversidad, nuestros ríos y nuestra gente! ¡Por el respeto a nuestra tradición campesina y la salud de nuestros pueblos! ¡Por una región libre de zonas de sacrificio!
Fuente:
https://resumen.cl/articulos/la-region-de-nuble-esta-en-alerta-de-cordillera-a-mar-en-defensa-de-nuestra-biodiversidad-nuestra-gente-y-nuestros-territorios28
